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El juego de rol del Capitán Alatriste: el Teatro en la Salamanca del Siglo de Oro

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De entre todas la aficiones y formas de esparcimiento del ciudadano salmantino, destacan en nuestro siglo las Comedias y los Toros, ambas vigiladas y no siempre aceptadas por la Iglesia. Al decir esto, quede claro que hablamos de la institución, pues muchos clérigos, incluso obispos, han sido aficionados a uno y a otro espectáculo. Asistiendo, sí, pero desde lugares altos, como exige el decoro.

Somos carne, dirían muchos, y al pecado nos debemos.

En Salamanca la gestión del teatro estaba en manos del Hospital General, aunque nominalmente existía un Comisario nombrado por el Regimiento, e Iglesia y Maestrescuela intentaban siempre meter mano.

En Teatro se localiza en la calle de la Alegría, aledaño al Hospital. El teatro del Hospital de la Santísima Trinidad es un corral de comedias acondicionado en el patio interno de unas casas cercanas al edificio del Hospital. El de la Santísima Trinidad es, tras ordenanza del añorado Felipe II, el único hospital de la ciudad, unificador de todos los antiguos y de menor envergadura. Excepción queda en el Hospital del Estudiante, del que en otro punto recibirá el lector entera información.

Lugar el teatro, como decimos, ubicado en patio de vecinos, con el escenario en la pared del fondo y el propio patio y las galerías de las casas destinadas al público. Es el teatro, como todos los de nuestro siglo, lugar abierto, en el que la función se realiza a las tres de la tarde en invierno, y a las cuatro en verano, momentos de temperie más templada y hora en la que no es necesario el gasto superfluo de velas y lámparas de aceite.

No es descabellado pensar que, ante este escenario, aplaudieron obras y vieron representaciones de las suyas grandes mentes de nuestra patria como Miguel de Cervantes, Lope de Vega o el aún joven, pero prometedor Pedro Calderón de la Barca.

Balcones laterales y terrazas cerradas, Aposentos, si lo preferís, eran reservados por la Alta Nobleza y los más ricos de la ciudad, y raro será ver a villano o pobre estudiante en esos privilegiados lugares. Al fondo, la Cazuela, donde encontraremos a las mujeres, discretamente apartadas del público masculino por evidentes razones de moralidad.

Y al final del patio se acomodan y vigilan los llamados Mosqueteros. Gente de distinta profesión y autoproclamado entendimiento, que a su forma juzgan la obra y, si la juzgan de poca calidad, braman, bufan y montan escándalo para hundir la Comedia y al autor. De ellos habla así nuestro Calderón.

-”Quien habla aquí?

-Un mosquetero.

-¿Cómo aquí con voces altas?

-Como, aunque el rey aquí

calle, un mosquetero no calla.”

No es esta la única pesadilla del autor. Fijaos al ir a la siguiente representación y encontraréis a hombrecillos discretos, que musitan como eco cada palabra de los actores. Son los Memorillas, o Poetas Duendes, que toman memoria de cada palabra de la obra y la reproducen al salir de la representación, para sacar unos buenos maravedís con la venta de lo que no es suyo, y que pervierten, rellenando sus olvidos con pobres rimas suyas. Pateadlos y ponedlos en evidencia cuando les veáis, vergüenza y ladrones son, y ya los supo describir el bueno de Lope:

»A eso se añade el hurtar las Comedias estos que llama el vulgo, al uno Memorilla y al otra Gran Memoria, los cuales, con algunos versos que aprenden, mezclan infinitos suyos bárbaros, con que ganan la vida vendiéndolas a los pueblos y autores extramuros: gente vil, sin oficio y que muchas veces han estado presos. Yo quisiera librarme de este cuidado de darlas a luz, pero no puedo, porque las imprimen con mi nombre, y son de los poetas duendes que digo…»

Razón tiene, maestro.

Se representa durante las fiestas del Corpus, en los cuarenta días de vacaciones veraniegas (del 8 de septiembre al 18 de octubre), y en las fiestas navideñas. Como observará el lector, estas representaciones están muy vinculadas al periodo de asueto estudiantil, entre cuyos miembros están muchos de los más leales espectadores, así como los más abnegados admiradores de las hermosas artistas.

Es prohibición que haya representación en día laboral o en Semana Santa, y quedan prohibidas más de tres representaciones por semana. Se mantiene el pecado pero se reduce la dosis.

Las funciones y las obras se anuncian con pintadas de rojo almagre. El precio de la entrada no supera, por ley, los doce maravedís.

Muchas compañías itinerantes representaban en el teatro de la ciudad obras de distintos autores. La Compañía de los Andaluces, la Compañía de los Españoles, la Compañía de Pedro Valdés, la de Andrés de la Vega o la de Hernán Sánchez de Vargas fueron algunas de la que conocieron Salamanca. Ver llegar a la compañía a la ciudad ha sido siempre un espectáculo. Treinta, hasta cuarenta mulas arrastrando carromatos con todos los pertrechos, vestidos y fondos pintados en tela, con artistas bromistas y provocadores invitando a presenciar su obra y mujeres descaradas de mirada pícara escandalizando a curas y beatas. Su llegada es un espectáculo tan celebrado como sus rimas.

Las compañías suelen ser contratadas por una docena se funciones más o menos y el Consistorio se cuida mucho de que cumplan lo acordado, so pena de serias multas.

Como en toda España, la representación teatral estaba sometida a una serie de regulaciones exclusivamente morales, de las cuáles el Comisario se encargaba de vigilar. Como ejemplo, hombres y mujeres no podían estar mezclados en el patio y se impuso el uso de celosías en los aposentos bajos de las comedias. La puntualidad y la seguridad en las funciones también era estrictamente vigilada. El Ayuntamiento se reservaba también un buen aposento en el teatro (vedado su paso a los criados) y era norma que estuviesen bien surtidos de toda clase de refrigerios.

Los Porteros se encargan de vigilar el orden en la obra y la ordenada asistencia. Y sabed que tienen un buen palo a mano, si alguien monta bullicio sin ser quién para hacerlo, o sin molesta a quien no tiene que molestar. Vigilan igualmente los aposentos del Ayuntamiento. Su función, aunque bien pagada, no es siempre bien cumplida, y quién deslice unas monedas oportunamente puede asegurarse la entrada al teatro sin necesidad de otro pago de entrada.

La gestión por parte del Hospital General de la Santísima Trinidad permite que la recaudación se reparta, previo pago de impuestos, entre los comediantes y la misión, garantizando de esta forma unos ingresos continuados para atender a enfermos y desfavorecidos de la ciudad.

También la Universidad, ciudad dentro de otra ciudad, tiene sus propias actuaciones, y los Domingos de Junio se representan, de mano de los estudiantes, obras clásicas, griegas y latinas, interpretadas en sus lenguas originales. El objetivo docente es evidente; fomentar y normalizar el uso de lenguas vernáculas, pero que ello no nos haga pensar que no encontraremos a muchachos de toga y latines entre los espectadores de las obras más populares y mundanas.

 

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Comentarios
  1. Me encanta cuando haces cosas de El Capitán Alatriste. Ya sabes que me apena mucho el trato que se le ha dado a ese juego. Me parece que tiene mucho potencial y no se ha sabido (o querido exprimir).

    Espero con ansia tu siguiente aportación en esta línea.

    • Goblin Voyeur Goblin Voyeur

      Una pena que la línea acabase como acabó. Hace poco se ha reeditado Lances, pero para mi no cubre el hueco dejado por Alatriste ni llega a su nivel de calidad

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