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Mis villanos favoritos: The Carver

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Nip Tuck es una de las series más novedosas e interesantes de la primera década del siglo XXI. En España su título se convirtió en A golpe de bisturí, que si bien no hace honor al nombre original, sí es una respuesta a un juego de palabras intraducible: Nip Tuck significa “Cortar y Plegar”, y es una expresión equiparable a nuestro “Codo con codo”, pero también es una forma informal de referirse a la cirugía plástica, el entorno en el que se desarrolla la serie.

Ciertamente no es Nip Tuck una serie de médicos al uso. La vida personal de los protagonistas, los doctores Sean McNamara y Christian Troy, ocupa una parte muy importante de la trama general, desbancando a los casos de los extraños pacientes que pasan por su consulta, pero sus vidas están cubiertas de un halo turbia, casi sórdido. Cada personaje oculta secretos y miserias, y no hay relación (salvo quizá la de la amistad) que no sea presentada como perecedera y se corrompa. El tema principal de Nip Tuck es la superficialidad y la autodestrucción, y pasamos con sus personajes constantemente de la empatía a la repulsión, llegando incluso a una desconcertante unión de ambos sentimientos.

Aunque parezca de entrada extraño por la temática, en Nip Tuck los doctores McNamara y Troy se ganan muy peligrosos enemigos. El villano de la primera temporada, el repugnante traficante de drogas Escobar Gallardo es sólo uno de ellos.

El más recordado de todos es, sin duda, The Carver.

Sí es reprochable la traducción que de The Carver se hizo en España. Al menos en su versión en castellano (aquí también se vio en catalán y en gallego), a este personaje se le llamó el Carnicero. No hace justicia este nombre. The Carver podría traducirse como El Escultor o El Tallador, que es más adecuado para lo que este criminal en serie hace: desfigurar el rostro de mujeres hermosas. “Mi mayor miedo es que me incluyan con los parias lunáticos. Por eso no podías llevarte tú el mérito de ésto” se burla de Christian”. Yo no soy un cirujano mediocre, psicópata y superficial. Soy un artista

The Carver comienza a actuar al final de la segunda temporada. Si no habéis visto la serie, y tenéis intención de hacerlo, parad de leer pues desvelaré detalles importantes de la trama.

The Carver aparece en escena desfigurando mujeres por medio de la conocida “sonrisa del payaso”, rasgándoles las mejillas en una ampliación antinatural y grotesca de la boca. La clínica de McNamara & Troy se ofrece para operar gratuitamente a estas mujeres afectadas para que recuperen su apariencia anterior. Este acto altruista se convierte en una perdición para los protagonistas. The Carver no tolera que se mancille “su obra”. Se considera a sí mismo un hombre con una misión. La belleza es su objetivo a destruir: “La belleza es una maldición; esconde a los auténticos monstruos”. Tener a este criminal (y a la postre asesino) en su contra casi destruye, de diferentes maneras, a los protagonistas. The Carver daña lo que es más importante para ellos: la familia y la moralidad de Sean , la belleza y la masculinidad de Christian.

Sólo al final de la temporada descubrimos la identidad de The Carver, y la motivación que le arrastra. El nuevo asociado de McNamara & Troy, Quentin Costa, un joven, atractivo y ambicioso cirujano plástico, ayudado por su hermana, Kith, la investigadora encargada de perseguir a The Carver, ambos separados en su infancia, y estigmatizados porque, fruto de una relación incestuosa, ambos nacieron con serias malformaciones. Ella, con el rostro desfigurado por displasia frontonasal, sólo alcanzó la belleza cuando su hermano pudo operarla. Él, con una malformación no tan visible pero aún más cruel, nació sin órganos sexuales. Los hermanos sufrieron en su infancia a causa de su desfiguración, y convierten la destrucción de la belleza en su cruzada. Desfiguran a mujeres atractivas y se enfrentan a la cirugía plástica que intenta borrar lo feo, lo diferente, ayudando a mantener el atractivo físico como el valor principal de nuestra cultura.

Quentin y Kith logran su objetivo. Matan y desfiguran, dejan su mensaje; “La belleza es una maldición; nos impide ver a los auténticos monstruos”. Sólo al final de la temporada que centra esta trama, tras la muerte fingida de Quentin, se descubre la verdad, la relación entre ellos y la motivación que les ha arrastrado, pero ya es tarde y ellos han huido a España, donde su rastro se pierde y, vencedores, no aparecen en el resto de la serie.

The Carver gana su posición entre nuestros villanos favoritos gracias a su perversión, a la sádica obsesión que le impulsa, pero despunta gracias a que su causa, de entrada, se nos antoja justa; unos niños abandonados que, debido a su aspecto, sólo se tienen uno al otro toda su vida. Quentin dedica su vida y su talento para que la gente no se estremezca al ver a su hermana.

Cuando alcanzan la belleza no la aceptan, sino que confabulan contra la sociedad que sólo ahora les tolera. Llegamos a entenderlos, pero no empatizamos.

En The Carver encontramos la depravación dentro de la venganza justa y sus actos nunca dejan de horrorizarnos. “Yo no violo para poseer. Yo violo para iluminar

La trama de The Carver, unida a algunos episodios soberbios, hacen de la tercera temporada la mejor de esta serie, desmedida pero fabulosa, llamada Nip Tuck.

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