Picaros-Siglo-Oro

La Garduña: Una sociedad secreta para el JdR de El Capitán Alatriste

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Pocos aceptan su existencia, muchos murmuran sus pecados y nadie da ningún nombre. La Garduña, entre la realidad y la leyenda, siempre provocadora de estremecimiento en los buenos cristianos, es una sociedad secreta que lleva más de un siglo operando en España, aumentando su poder, fortaleciendo alianzas y acumulando favores.

Muchos dicen que la Garduña no existe, que es una invención de viejas. Las autoridades lo negarán y la Iglesia rechazará que exista tal hermandad entre cristianos. La realidad, se quiera o no se quiera ver, es otra y se esconde entre las sombras.

La Garduña comenzó como un grupo de delincuentes que asaltaban los hogares y negocios de los judíos y moriscos, proclamándose -quizá sin mentir- el brazo armado de la Inquisición en su Cruzada contra los herejes y circuncisos. Una vez purgada España de los que niegan la Cruz, la Garduña ya se había afianzado y disponía de una estructura sólida en varias ciudades. La componían delincuentes, proxenetas y valentones, pero también hidalgos y burgueses de fortuna, que veían en la Garduña una oportunidad para granjearse aliados, conseguir protección o intimidar y atacar a sus rivales.

En nuestro siglo XVII la Garduña es una sociedad secreta formada por leales súbditos, que garantiza el apoyo mutuo y la posibilidad de ascenso incluso a mujeres, entre todos los que le juren lealtad.

La Garduña roba, extorsiona, amenaza, acumula información y, cuando es preciso, juzga y ejecuta.

Nobles o maleantes, tonsurados o prostitutas, todos son hermanos en la Garduña, todos juran con su vida como garantía las mismas reglas y todos deben al mismo Gran Maestre, que pocos conocen. Lealtad e ignorancia, dos seguros para que la Hermandad sobreviva y prospere. Incluso si hubiera alguien tan necio como para alzarse contra la Garduña, los miembros preferirían la tortura a la deserción y, aunque su alma se quebrase y confesasen rendidos al potro, poca información valiosa podrían ofrecer pues cada Garduño conoce pocos a pocos miembros y se le revelan los secretos justos.

Negocios y actividades de la Garduña

La Garduña es, de facto, la dueña de la ciudad. Nadie conoce sus recovecos como los miembros de la Hermandad, y poco ocurra que no sepa o controle. Sus miembros afanas las bolsas de los incautos, chantajean con información valiosa o “garantizan” la seguridad de los ilustres y sus negocios. Hay prostitutas en la Garduña, ni pocas ni malas y asesinos, que matan por dinero o para la sociedad, eliminando enemigos, favoreciendo aliados o simplemente inculcando miedo en la ciudad. Todos estos negocios pueden ser atribuidos a la delincuencia habitual, al delito surgido del hambre y la miseria, pero daos cuenta, amigos, que con cada robo, ultraje o puñalada, se escribe el destino de la ciudad, de la Garduña y de nuestra España.

Pero hay quienes dicen -y algunos son gente informada- que la Garduña se implica en más atroces actos. Arrugadas brujas están entre sus miembros, invocando mal de ojo y hechizando con extrañas pociones. De los palacios a los aquelarres llegan ya las influencias de la Garduña. Se dice que los garduños cobran a buen precio la conjura de maldiciones y la elaboración de pócimas y ungüentos para curar la tisis y el mal francés. Brebajes elaborados con untos y mantecas de niño, y no son pocos los que están empezando a desaparecer en nuestra ciudad. Dios quiera que sus muertes hayan sido rápidas, y quiera Dios que estos desalmados no sepan usar la hechicería para hundirnos definitivamente en la miseria.

Miembros de la Hermandad

Se compone de tres escalones la jerarquía de la Garduña.

Aprendices, recién aceptados en la Garduña y ya obligados por su juramento, los aprendices son chivatos, fuelles, soplones; las mujeres llamadas coberteras. Informadores en general, algunos infiltrados, que se encargan de una vigilancia indiscreta de los buenos habitantes de la ciudad. No olvidemos que la Garduña además de adeptos tiene simpatizantes, muchos de ellos bien pagados, y que una información valiosa en una buena forma de entrar en la Hermandad, así que tened la prudencia necesaria para no confiar en quien no lo merece.

Compañeros, miembros de pleno derecho con diversas funciones; Floreadores, hábiles para apropiarse de lo ajeno; Punteadores o Guapos, de diestra ropera y navaja rápida, sin remilgos con el asesinato cuando se les señala a una víctima; Sirenas, tusonas que unen a su vieja profesión los favores de tipo sexual, las confidencias y los chantajes; Postulantes, que reclaman y recaudan de los nobles el justo pago que garantiza su protección; Coberteros, o tasadores, también encargados de gestionar lealmente el dinero conseguido; Ancianos, veteranos garduños que aleccionan a los jóvenes sobre qué es la Hermandad y cómo han de hacer su función en ella.

Peligrosos y fieles como Apostoles todos ellos, temed si la noche se hace silencio y la Ronda, y los propios delincuentes, desaparecen de las calles. Es posible que una escuadra de Garduños haya salido con oscuro objetivo.

Gran Maestre, el auténtico gobernador en la sombra de la ciudad, el líder que organiza y dispone, que usa a sus Capataces para distribuir el poder y organizar delitos y negocios. Pocos saben quién es y ninguno de ellos hablaría ni bajo la peor de las torturas, tal es su lealtad y admiración

De Juramentos y lealtades

Es a Dios la primera lealtad de la Garduña, fieles y devotos sus miembros, capaces de gastar grandes cantidades de dinero en pagar misas -es a lo que dedican sus ahorros los garduños capturados y sentenciados a muerte- , en adecentar Iglesias o en beneficiar a las Catedrales, sin que haya obispo que pregunte por la procedencia de esos buenos dineros. No perdonará la Garduña entre sus filas blasfemia ni asalto a lo sagrado.

La segunda lealtad del garduño es a la propia sociedad y a sus hermanos. Todo miembro se identifica ante los demás por tres puntos tatuados en la palma de la mano y debe prestar asilo, cuidado o ayuda a todo hermano, ya sean hidalgos o villanos. Se le debe un diezmo de su botín-o más- a la Garduña, que sabrá distribuir con justicia el dinero entre todos sus miembros, con equidad tanto a hombres como a mujeres, con atención a sus aportaciones y al riesgo corrido, y con clemencia a los enfermos, heridos o huérfanos. Será grave ofensa intentar engañar a la Garduña con las cuentas y escatimarle un solo maravedí; no tolera la Hermandad mentiras, engaños ni gitanerías.

La pertenencia a la Garduña exige previo juramento de lealtad, obediencia y silencio ante un Capataz.

Las reglas bajo las que funciona la Hermandad son las siguientes:

Regla 1. Todo hombre bizarro, de buena vista, fino oído, ligera pierna, y lengua expedita puede ser miembro de nuestra querida Garduña”

“Regla 2. Todo Hermano o Aprendiz deberá ofrecer ayuda, cobijo y protección a toda mujer, hermana o no que sufra persecución por la Justicia.”

Regla 3. Los chivatos y recién llegados no podrán, en su primer año de noviciado, montar “negocios” por sí solos.”

Regla 4. Los punteadores se encargarán de los negocios de más cuantía, a sabiendas de que el beneficio conseguido será parejo con el riesgo sufrido.”

Regla 5. Los floreadores vivirán a costa de sus uñas con un tercio de sus negocios y dejarán algo para las ánimas del Purgatorio.

Regla 6. Los encubridores recibirán un dinero de cada diez de las sumas obtenidas por la Garduña”

Regla 7. Las sirenas podrán conservar sin cesión a la Hermandad todo regalo que reciban de los nobles a los que amorosamente asistan.”

Regla 8. Todos nuestros hermanos han de estar dispuestos a morir mártires antes que confesos, so pena de ser expulsados de la Hermandad y, si fuese preciso, perseguidos y muertos por ella”

Se sabe que los compañeros cumplen con abnegación esta última regla. Tan garduños como cristianos prefieren arrancarse la lengua a delatar a un hermano. Solicitan ante el cadalso ser ejecutados con sus capas, que lucen tejidos los mismos tres puntos que tiene el garduño ya grabado en su mano y en su corazón.

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