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Salmántica 1621: Un entorno de juego para El jdr del Capitán Alatriste

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Una de las primeras apuestas que hice en el blog fue el desarrollo de una ambientación detallada para el juego de rol de El Capitán Alatriste. Una ambientación centrada en la ciudad de Salamanca, ciudad venerada por su belleza y su cultura, una ciudad consagrada a su Universidad, por la que pasaron las mentes que luego controlarían el país más poderoso y decadente de su siglo.

La verdad, la he dejado muy apartada y hasta ahora sólo he publicado el Mapa de la ciudad y una Aventura, El fin de la Contención. La verdad es que trabajar en un entorno de juego como el de El Capitán Alatriste me da bastante vértigo, no tanto por la labor de documentación que exige sino por la forma deliciosa en la que está escrito el manual original, muy difícil de igualar. Con todo, os iré colgando el material que tengo y que vaya creando, siempre abierto a retoques y mejoras de estilo, con la vista puesta, a medio plazo, a poder unirlo en un solo volumen al estilo Los papeles del Alférez Balboa. Por supuesto, todo ese contenido está abierto a vuestras sugerencias, opiniones o críticas.

Pero todo eso ya se verá, de momento veamos un poco cómo era la ciudad de Salamanca en nuestro siglo XVII, el Siglo de Oro.

El siglo del Capitán Alatriste.

Salamanca, la Ciudad

Salamanca, ciudad fundada antes de nuestra era, una de las más pobladas del antiguo reino de León, una de las más célebres de España por la Universidad que tanto ha dado que hablar y que de tantas grandes mentes ha nutrido al Imperio. Porque Salamanca es su Universidad, y no encontrareis gobernante, literato, teólogo o pensador de ésta, la más grande de las Españas que haya existido, que no haya recalado en esta ciudad de piedra amarilla y aprendido en sus aulas.

En nuestro siglo SVII, la ciudad de Salamanca mide de levante a poniente “siete mil y quatrocientas varas castellanas, que hacen legua y media escasa” ( 6´75 Km), y de Norte a Sur, “por lo más dilatado, ocho mil ochocientas y beinte baras, que componen una legua y tres cuartos, con sobra de algunas varas” (Algo más de 6´50 Km). Es sede de Episcopado, uno de los más ricos, influyentes y considerados de España, y durante siglos hubo disputa permanente entre el obispo, el poder civil y la Universidad, los poderes principales de la ciudad

Aunque los datos sean imprecisos, la Salamanca del siglo XVII cuenta con casi cuatro miñl vecinos, esto es, cabezas de familia. Eso nos da una población censada de unos veinte mil habitantes. A parte de los salmantinos establecidos en la ciudad, debemos contar con esa población que viene y va, que nos caracteriza y que nunca se asienta; los estudiantes, en número casi cinco mil cada año, lo que lleva a que uno de cada cinco en la ciudad del Tormes no sea sino estudiante , y por tanto, joven y pendenciero. Por ello, no es difícil suponer que gran parte de la estructura social de Salamanca se organiza en torno a la Universidad, sus funciones, sus trabajadores y sus estudiantes.

La mitad de la población trabajadora se dedica al Sector Industrial, principalmente metal, industria textil y calzado, pero también fábricas de papel, artes gráficas e industria artística (escultores, orfebres, pintores,…), así como trabajos en madera, cerámica y vidrio. Son una tercera parte de los salmantinos los dedicados al Sector Servicios, comercios, hospedaje y hostelería principalmente, muy necesarios para dar buen acomodo a los estudiantes. Una décima parte de los salmantinos son agricultores, y finalmente, uno de cada treinta dedicados a la construcción.

Pero no olvidemos que estamos hablando únicamente de los salmantinos trabajadores, que, sabemos, en el siglo que nos ocupa deja al margen a Hidalgos y al Clero, que no son precisamente, ni unos ni otros, un porcentaje desdeñable en esta ciudad.

Urbanismo salmantino

Ciudad de Historia, Salamanca vive a la orilla del Tormes, rodeada de una muralla jalonada de torres diversas que marca su perímetro y en cuyo interior se apiñan casas, calles, iglesias y demás lugares.

Es la casa salmantina de poca altura, y de entre estos bajos edificios sólo despuntan las torres de las iglesias, las Catedrales, algunos edificios de la Universidad y las casas palacio de las familias más nobles, que llegan a ocupar una manzana y que destacan (esa es nuestra España, en la que tanto se busca destacar, y no siempre de la mejor manera) con torres elevadas.

Abundan en nuestra ciudad, sobre todo en su zona oeste, zonas sin edificar, solares y huertos, no siempre aledaños a las casas de sus propietarios. Así, en Salamanca, junto a casas y conventos, Iglesias, plazas y fuentes, son habituales los muros y tapias de huertos y propiedades, sobre los que se ven despuntando las copas de árboles que dan un toque especial a la hermosa línea de la ciudad.

Hemos de reconocerle también a la urbe salmantina que, si bien sus calles se enlodan desde las primeras lluvias, y son polvorientas en los veranos leoneses, son de mejor calidad que las de muchas otras ciudades y villas de más importancia. Desde hace siglos se ha hecho un intento de “pavimentar” las vías y calles con piedra menuda “a cabsa de los muchos e grandes lodos que en ella ay de contino, especialmente en los inviernos”. Incluso, en tiempos recientes, algunas cofradías y hermandades religiosas han solicitado el permiso de construcción de un caño subterráneo para encauzar las aguas fétidas que, arrastradas por un arroyuelo central a cada calle, apestan la ciudad. No es aún esto algo generalizado en la ciudad universitaria, y en muchos lugares este riachuelo de “agua puerca” llega a hacer necesaria la construcción de pequeños puentecillos que los crucen para facilitar el tránsito.

Peatones y caballos, carretas de mercancías diversas, alguna carroza de los más aventajados. Gallinas y vacas, cerdos incluso revolcándose en inmundicias a pocos pasos de catedráticos y eruditos. Estudiantes y comerciantes, tusonas y alguaciles. Grandes rebaños transhumantes, atravesando la ciudad dos veces al año camino de Extremadura, o de las montañas leonesas. Paisaje también, pero paisaje vivo. Que mire el viajero a su alrededor y no encontrará diferencia en la organización de la ciudad de Salamanca con respecto a otras ciudades del nuestro país. Callejuelas más o menos caóticamente organizadas, Iglesias y conventos de piedra amarilla, tabernas y mesones de distintas calidades, una vida ciudadana organizada en torno a la Plaza,…

La noche iguala todas las ciudades, y en un anochecer en torno a las 7 de la tarde, Salamanca duerme, o se esconde. Apenas luz alguna, proveniente de no más de una antorcha o farol por calle, o por los cirios en veneración de un santo, rompen el negro de una noche en la que no se encontrará a un solo transeúnte decente, o prudente. Que se cuide el que se vea en la necesidad de salir antes del amanecer, pues tan comunes como las serenatas de jóvenes enamorados son los asaltos, las peleas o las pendencias estudiantiles, y las rondas de alguaciles son escasas y, en ocasiones, poco decididas o abiertamente corruptas.

Avisado estará el que sepa que algo peligroso está germinando en la noche de Salamanca.

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Comentarios
  1. ¡Qué maravilla, compañero! Me encanta.

    Estoy deseoso de seguir leyendo aportaciones como esta.

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