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	<title>SacoDeDados &#187; La leyenda del Peregrino</title>
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	<description>Rol, Librojuegos y Juegos de Mesa</description>
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		<title>Mis Companions para Doctor Who: Adventures in Time and Space</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jan 2014 17:40:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Goblin Voyeur]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Juegos de rol]]></category>
		<category><![CDATA[Ayuda]]></category>
		<category><![CDATA[Doctor Who]]></category>
		<category><![CDATA[La leyenda del Peregrino]]></category>
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		<category><![CDATA[Viaje en el tiempo]]></category>

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		<description><![CDATA[Con nuevas adquisiciones de la línea de Doctor Who: Adventures in Time and Space (ya hablaré del manual del segundo doctor que ya ha publicado Cubicle 7) y con un nuevo proyecto de crónica en el horizonte cercano dedicamos la entrada de hoy a un par de acompañantes del Doctor, con sus valores y trasfondos. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con nuevas adquisiciones de la línea de Doctor Who: Adventures in Time and Space (ya hablaré del manual del segundo doctor que ya ha publicado Cubicle 7) y con un nuevo proyecto de crónica en el horizonte cercano dedicamos la entrada de hoy a un par de acompañantes del Doctor, con sus valores y trasfondos. Aunque el juego fomenta la utilización de acompañantes oficiales (desde Rose Tyler a Rory Williams), yo soy más amigo de crear mis propios companions y rellenar con ellos alguno de los múltiples <img class="alignright" alt="" src="https://lh5.googleusercontent.com/-uCe25dfR06U/UtUHX05E-0I/AAAAAAAAFnU/4lIZ_0lXo_k/s400/Doctor-Who-TARDIS-console-room.jpg" width="400" height="300" />años en los que, según el canon, el Doctor viaja sin que lo veamos en pantalla; casi cien años viaja el Undécimo con visitas esporádicas a Amy, y un número indeterminado de años lo hace el Décimo entre que lo hace con Rose, Martha y Donna, y el Noveno antes de conocer a Rose. Es a este último periodo al que quiero dedicar la historia que voy a comenzar ahora; a un momento entre la muerte del Doctor de Guerra, con la consiguiente regeneración del &#8220;noveno&#8221; Doctor (véase el especial 50 aniversario) y el episodio &#8220;Rose&#8221;, en el que nuestra choni favorita se une al Doctor de la chupa de cuero.</p>
<p>Al crear los personajes me he enfrentado a un problema que, como Narrador asesorando a los jugadores en su creación, no me había enfrentado hasta ahora; una importante limitación en el número de Méritos y Defectos que ofrece el manual básico de Doctor Who: AITAS, y que son una parte central en la personalización de nuestro PJ. Por desgracia, las ampliaciones publicadas hasta ahora (sin conocer el módulo dedicado a la UNIT) tampoco cubre este hueco, y muchas veces será necesaria la negociación con el narrador (en este caso, yo conmigo mismo) para cubrir aspectos importantes de la historia del personaje.</p>
<p>Y entrando por fin en mis viajeros de la TARDIS, os presento a <strong>Abel Amarelo</strong>, un mesmerista y falso espiritista de principios del Siglo XX y a <strong>Viveka Kraus</strong>, una estudiante de Historia de una línea temporal alternativa erradicada por el Doctor.</p>
<p><strong>Abel Amarelo</strong> era un joven ilusionado nacido a finales del siglo XIX. De una familia comerciante de mediano éxito, pudo salir de su Italia natal para estudiar la novedosa ciencia del mesmerismo en París. <a href="https://lh6.googleusercontent.com/-jvKkhWpZxVw/UtUFvWazTyI/AAAAAAAAFm4/EznDYeCvcFs/s800/mesmerism.jpg"><img class="alignright" alt="" src="https://lh6.googleusercontent.com/-jvKkhWpZxVw/UtUFvWazTyI/AAAAAAAAFm4/EznDYeCvcFs/s800/mesmerism.jpg" width="310" height="244" /></a>Lo que comenzó como unos estudios prometedores se convirtió rápidamente en una decepción para Abel: el mesmerismo era ingenuo y carecía de las más elementales características de la ciencia, cuando no era abiertamente fraudulento.</p>
<p>Desencantado y con la herencia familiar dilapidada, Abel se convirtió en un cínico y no dudó en aprovecharse del deseo de la gente de su siglo por creer; emigró a Londres y se convirtió en Abelard Boissieu, un veterano mesmerista francés que lo mismo contactaba con los muertos que utilizaba el magnetismo animal para sanar enfermedades inexistentes. Insatisfecho con su trabajo y con cada una de las decisiones que había tomado en su vida, todo dio un giro la noche en la que <a href="http://www.sacodedados.es/doctor-who-principio-cualquier-otro/" target="_blank">unos padres trajeron a su hija genuinamente poseída a su espectáculo</a>. Abel no sabe qué habría pasado si el Doctor no hubiese estado entre el público, pero allí estaba. Juntos derrotaron al ser extraterrestre que parasitaba a la pequeña, y Abel tuvo que unirse al Doctor en su TARDIS, huyendo del alienígena que le perseguía.</p>
<p>Desde entonces, Abel se ha convertido en buen amigo y valioso contrapunto del gallifreyano. Muchas de las más grandes aventuras que van a vivir juntos están aún por suceder.</p>
<p><img class="alignnone" alt="" src="https://lh4.googleusercontent.com/-r1AyavAveTw/UtUFvcORrkI/AAAAAAAAFmw/QJqoNpBFT7I/s400/Almanzo%2520Wilder.jpg" width="264" height="400" /></p>
<p><a href="https://dl.dropboxusercontent.com/u/34638213/abel.pdf" target="_blank">Ficha de Abel </a></p>
<p>Rara vez el Doctor ha de acudir a alguien para consultarle dudas sobre la Historia, y tuvo que hacerlo con <strong>Viveka Kraus</strong>, la guía en prácticas de un museo en el que aterrizó el Doctor. El gesto de sabiondo del Señor del Tiempo pasó al desconcierto cuando vio que los hechos históricos que se relataban en ese museo le eran desconocidos. Intrigado, acudió a la joven guía del museo, una chica habladora y respondona que le ayudó a ver que algo ocurría. El Doctor descubrió que se hallaba en una línea temporal alternativa, creada por la intromisión de unas criaturas que se alimentaban de los drásticos giros históricos. Se estaba despidiendo de la joven malencarada cuando se dio cuenta de que, si alteraba la línea temporal, la chica dejaría de existir. Responsable y encariñado, el Doctor le explicó la situación y la invitó a unirse a él; al hacerlo, Viveka se convirtió en la única superviviente de una línea temporal que nunca debería haber existido.</p>
<p>De una gran determinación e iniciativa insolente, Viveka ve al Doctor como el único amigo que tiene y a la TARDIS como la cápsula de salvamento tras el colapso de su universo. Está ansiosa por aprender pero en ocasiones le asfixia la idea de que todos sus familiares y amigos no hayan existido nunca. Como para tantos otros, su viaje en la TARDIS quizá le sirva para encontrar su lugar en el mundo.</p>
<p><a href="https://dl.dropboxusercontent.com/u/34638213/viveka.pdf" target="_blank">Ficha de Viveka</a></p>
<p>Si habéis visto las fichas habréis visto que el estilo es idéntico al visto en el manual básico de Doctor Who: Adventures in Time and Space, versión Tennant, con posibilidad de utilizar estilos (más espartanos) de Torchwood y de la serie clásica del Doctor. Están hechas en <a href="http://dwcg.eu5.org/" target="_blank">ESTA PÁGINA</a>, una útil herramienta para todo jugador de este juego de Cubicle 7. ¡Nos vemos!</p>
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		<title>Doctor Who: Un principio como cualquier otro</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jan 2013 07:17:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Goblin Voyeur]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Doctor Who]]></category>
		<category><![CDATA[La leyenda del Peregrino]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>

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		<description><![CDATA[El Profesor Abelard Boissieu realizó un nuevo y exagerado pase con sus dedos sobre la cabeza de su joven ayudante, culminado por un repentino agitar de manos en el momento en el que un chasquido eléctrico recorrió toda la parafernalia pseudocientífica que le acompañaba en sus actuaciones. La joven se aseguró de que su temblor [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Profesor Abelard Boissieu realizó un nuevo y exagerado pase con sus dedos sobre la cabeza de su joven ayudante, culminado por un repentino agitar de manos en el momento en el que un chasquido eléctrico recorrió toda la parafernalia pseudocientífica que le acompañaba en sus actuaciones. La joven se aseguró de que su temblor fuese visible incluso desde el gallinero. Una sustancia verde y pringosa salió en el momento calculado de la boca de la chica. Ectoplasma, había anticipado el profesor.</p>
<p>El público del teatro se estremeció, y estalló en aplausos.</p>
<p>-Son muchos loj demonios que guecorren nuestra guealidad en estos días aciagos- explicó el espiritista, mientras unos operarios sacaban a la hermosa mujer, cuya melena caía a un lado de manera cuidadosamente distraída-. Nuejtros soldados luchan en mi amada patria, ejta noche pudimos hablar con muchós de los que no gueguesagán. Eg mundó espiguitual vive tiempós convulsos, como el mundo de los vivos. Laj conexionés del magnetismó universal están guevueltas, tiemblá la red etéguea que nos comunica.</p>
<p>Los espectadores asentían a cada palabra. Mesmer había creado toda la palabrería embaucadora y sin sentido, pero Abelard hacía lo más difícil; ponía el acento francés.</p>
<p>El Profesor Boissieu dejó escapar una lágrima efectista, y los asistentes al teatro Haymarket volvieron a aplaudir. Todos menos ese extraño hombre en la tercera fila, que con gesto relajado y divertido, cruzaba los brazos y observaba el espectáculo.</p>
<p>Y en ese momento, en ese preciso momento, la vida del profesor Boissieu cambió para siempre y a un nivel que nunca habría podido anticipar.</p>
<p>-¡Necesitamos su ayuda, Profesor!- había entrado alguien en el escenario. Un hombre de mediana edad y aspecto de obrero se presentaba en escena, llevando en brazos a una joven, casi una niña que por momentos se convulsionaba y por momentos perdía la conciencia. Esa entrada no estaba preparada, y como todo lo inesperado en el fraude, además de inesperado, es peligroso-. ¡Está poseída por algún tipo de demonio!</p>
<p>El Profesor miró a la niña acariciándose su perilla postiza. Su rostro prematuramente envejecido y varias capas de maquillaje le hacían parecer (sólo parecer) más maduro, y más sabio. La pose le permitió ganar la convicción del público y le dio unos segundos para pensar.</p>
<p>-Póngala aquí- ofreció la silla que su ayudante acababa de dejar y tuvo cuidado que no se hiriese con todo el equipo eléctrico que no dejaba de chisporrotear a ritmos regulares-. Necesitamós que esté quietá; el demonío que la posee intentará hacerlé dañó.</p>
<p>No existía tal demonio, lo sabía, sólo la ingenuidad de estas gentes reforzada por la guerra más dura de la historia. Pero si conseguía calmar a la chica, el público londinense le despediría con una ovación, todos recomendarían el espectáculo a sus amigos y él podría ofrecerles un dinero a los padres y la dirección de un buen hospital donde atendiesen a la pobre niña en su locura. Trazó círculos con sus manos ante el rostro de la muchacha e invocó poderes inexistentes.</p>
<p>-Un seg de otro mundó ha tomado posesión de ejte cuerpó- se oyeron chillidos de terror. Una señora se desmayó en el palco-. No lo abandonará si una mente inteligente y bien prepagadá no lo expulsá.</p>
<p>-¡Por primera vez es<a href="https://lh4.googleusercontent.com/-4pHBlrp_w2k/UOs03TwLXsI/AAAAAAAAD-M/iHIaRTdiERk/s640/il_fullxfull_384657659_cofj.jpg"><img class="alignleft" alt="" src="https://lh4.googleusercontent.com/-4pHBlrp_w2k/UOs03TwLXsI/AAAAAAAAD-M/iHIaRTdiERk/s640/il_fullxfull_384657659_cofj.jpg" width="307" height="384" /></a>tamos de acuerdo en algo!- gritó el hombre de la tercera fila, que se levantaba de su asiento y subía al escenario de un salto. Demasiadas cosas imprevistas en este número, maldijo el profesor.</p>
<p>-¿Quién ej usted?- le preguntó, cuando ya estaba a su altura y parecía examinar a la chica con una varilla metálica y luminosa.</p>
<p>-El Doctor.</p>
<p>-Le preguntó su nombré, joven, no su tituló.</p>
<p>-El Doctor- insistió, algo molesto, mientras seguía con su examen-. ¡Hacía años que no veía algo así!</p>
<p>Maldito impostor. Ese tipo de chaqueta de cuero y nariz exagerada era tan doctor como él profesor en parapsicología.</p>
<p>-¿Cuál es su análisis, “monsieur Boissieu”?- le preguntó con sorna. Mirando de reojo a su público, retomó sus pases. Pero, entre salmos en mal latín e invocaciones al magnetismo animal, observó algo.</p>
<p>-Su abdomen se tensa exageradamente antes de agitarse. En esa zona tiene la piel de gallina y parece irradiar calor.</p>
<p>El Doctor hizo una mueca.</p>
<p>-Pierde el acento cuando dice cosas interesantes, Profesor- volvió a apuntar su herramienta metálica hacia la chica-. No cabe duda, está aquí dentro.</p>
<p>La chica se contrajo de nuevo, con genuino dolor. El murmullo aumentó entre el público.</p>
<p>-No es una epilepsia normal, ¿verdad?- inquirió Boissieu -. Usted sabe lo que tiene.</p>
<p>-Un Aeimeel- el profesor le miró con extrañeza-. Un parásito interdimensional- “¿perdón?”-. ¡Una cosa peligrosa y ajena! Usted es mesmerista, debería haber notado la fluctuación de campos.</p>
<p>-Soy un mesmerista, o al menos lo fui- reconoció, en voz baja-. Pero esta disciplina es absurda, no es más que palabrería; la ciencia no tardará en desmontarla.</p>
<p>-¡No lo creas! Bueno, sí. Bueno, no. Bueno, dentro de unos años la desmontará, pero otro puñado de años más tarde admitirá que tenía razón, en parte. Un conocimiento inexacto pero bienintencionado; ¿verdad que es humano?</p>
<p>-¿Sabe qué hacer o va a estar toda la tarde contradiciéndose a sí mismo?</p>
<p>-Los Aeimeel son tenaces, calibran sus pulsos vitales con los impulsos eléctricos de la víctima. Eso les hace muy resistentes al destornillador sónico.</p>
<p>Un par de bobbies entraron en el teatro, advertidos por algún espectador. Los padres de la niña lloraban abrazados tras las bambalinas. Abelard Boissieu sabía que sólo tenían unos segundos. Tomó la bobina Tesla con el que creaba ambiente en sus funciones y lo acercó al abdomen de la niña.</p>
<p>-¡Pues descalibrémoslo!</p>
<p>Una explosión por sobrecarga destruyó la bobina. El público gritó y la luz de todo el teatro se fue durante un momento. La chica gritó, se tensó y luego tembló. El Doctor aprovechó para aturdir al Aeimeel con su destornillador sónico, sacándolo del cuerpo de la huésped. Una entidad incorpórea, similar a un rayo estacionario erizado de furia apareció en el escenario. El público chillaba. El Profesor temblaba. El Doctor sonreía.</p>
<p>-¡Fantástico! ¡Has descoordinado su metabolismo del ritmo eléctrico de los humanos! ¡Ella se pondrá bien! ¡Este Aeimeel ya no podrá parasitar a nadie!</p>
<p>-¿Ahora es inofensivo?</p>
<p>El cuerpo cegador de la criatura se alzó y luego se combó hacia ellos. Parecía emitir una especie de chillido casi infrasónico.</p>
<p>-Yo no he dicho eso- matizó el Doctor- ¡Vamos!</p>
<p>Sin pensar en hacia dónde iban, Boissieu corrió junto al Doctor. Los dos salieron del escenario primero y luego del teatro, entre los aplausos de los espectadores que no se habían desmayado.</p>
<p>-¡Eso no era un truco!</p>
<p>-Créeme, lo sé. A menos que sepas reproducir un Aeimeel de la galaxia Hai´H´keH con cable invisibles y una linterna mágica.- los dos hombres giraron una esquina introduciéndose en una húmeda callejuela londinense.</p>
<p>-¿Aeimel?</p>
<p>-Aeimeel, mejor dicho. ¿Tienes algún problema en la laringe? La “e” es alargada. Y sí, son tan peligrosos como parecen.</p>
<p>-¡Pero hemos dejado a toda esa gente allí- se detuvo el profesor-. Son inocentes. Crédulos, pero inocentes.</p>
<p>-¿Dije que los Aeimeel son peligrosos? Debí añadir que son vengativos- explicó el Doctor-. No puede parasitar a nadie, así que no hará daño a nadie contra el que no tenga nada personal.</p>
<p>Se oyó el grito de un hombre y el relincho de un caballo. El callejón se iluminó del azul brillante de la criatura.</p>
<p>-De hecho, a los únicos a los que tiene interés en matar es a nosotros.</p>
<p>-¿A nosotros?</p>
<p>-¿Cuántas veces habré dicho esto en mi vida?; ¡CORRE!</p>
<p>Sin entenderlo siquiera, la pareja atravesó dos manzanas, esquivando viandantes, oyendo las sirenas de los bomberos y la policía y haciendo por no ver la luz azul que alargaba su sombra y parecía cada vez más cercana. Boissieu se dejó arrastrar al interior de una gran cabina azul de madera. El Doctor se abalanzó sobre una consola en medio de la sala y pulsó una serie de palancas en orden aparentemente aleatorio.</p>
<p>-¿Qué demonios?</p>
<p>-Estamos viajando- suspiró al fin-, ya no hay peligro de que nos alcance. A menos, claro, que se esconda los siguientes siglos dentro de una pila hasta que aparezcamos- el profesor se quedó quieto en la entrada, con la mandíbula desencajada- Pasa. ¡Fantástico! ¿verdad? No te dejes engañar por esas palancas, los pedales y todas estas clavijas sin utilidad evidente; estás ante la mayor obra de ingeniería del universo. Y además es muy sensible. Una dama milenaria y encantadora. Te presento a la TARDIS, mi vieja y querida TARDIS. No me mires así, está decorada por un soltero que vive solo, ¡ah! Es por el tamaño. Sí, es algo más grande por dentro que por fuera, ¡y todavía no has visto la biblioteca! Tengo casi 900 años y soy un Señor del Tiempo, el último de una raza que recorrió los ríos del tiempo como un salmón nadando contra corriente… vale, no es una analogía muy impresionante, ¡pero mi trabajo es fabuloso! Piensa en todas las galaxias del Universo. Calcula los miles de millones de Soles que hay en cada una de ellas, y los mundos que orbitan a su alrededor. ¡Multiplícalo por la edad del Universo y ese es el número de lugares a los que nos puede llevar la TARDIS!</p>
<p>-¿Qué demonios?- repitió el profesor Boissieu. “Aunque profesor Boissieu no es, obviamente, tu nombre”-. Cierto, perdón. Soy Abel Amarelo; el profesor Abelard Boissieu es sólo la persona que me da de comer. ¿Y tu nombre es?</p>
<p>-El Doctor- el viejo señor del tiempo no entendía porqué a la gente le costaba tanto entenderlo-. Será mejor que te quedes en la TARDIS, al menos un tiempo. Si vuelves a tu Londres, ese Aeimeel te estará esperando.</p>
<p>-¿Mi Londres?</p>
<p>-Ahora viajas hacia el futuro. Siempre lo has hecho, en realidad, pero ahora lo haces más deprisa.</p>
<p>Demasiadas cosas para asimilar. Y aún faltaba una más.</p>
<p>-No gue hagas ningún cajo- una chica de poco más de veinte años entró en la sala. Vestía un amplio pijama de hombre, un albornoz, y, Abel tuvo que mirar una segunda vez para confirmarlo, unas zapatillas con forma de conejitos. Se estaba lavando los dientes y por el desbarajuste de su peinado era evidente que se acababa de levantar-. No viaja golo; ¿con cuántas mujerej haj viajado? Sigo encontrándome suj cosaj de veg en cuando. Cuando yo me vaya, te asegugo que lo dejaré todo bien recogido. Y la decogación… yo le guecomendé el coral. A todo ejto, ¿dónde haj estado?</p>
<p>-Nos hemos enfrentado a un Aeimel &#8211; explicó Abel, con la torpe intención de implicarse en la conversación.</p>
<p>-¿Un quéjj?- preguntó ella, mirando una legaña que acababa de limpiarse.</p>
<p>-Un Aeimeel &#8211; aclaró el Doctor-. No alarga suficiente la “e”.</p>
<p>-Debe tenej algún problema en la laguinje ¿Y poj qué no me haj despejtado?- le echó ella en cara.</p>
<p>-Se trataba de un asunto sin importancia- explicó el Señor del Tiempo-. No quería molestarte por una minucia.</p>
<p>-¡¿Minucia?!- tuvo que intervenir Abel. La chica no parecía impresionada y se rascaba su desordenada melena rizada.</p>
<p>-Viveka, hemos viajado por millones de galaxias e incontables siglos-se puso severo el Doctor-. Has realizado ante mis ojos proezas y muestras de valentía que incluso a mí me sorprenden; ¿tan difícil sería para ti lavarte los dientes en el cuarto de baño?- la mujer se encogió de hombros e hizo un ademán de escupir la pasta de dientes-. ¡Ah, ah, ah! ¡Ni se te ocurra!</p>
<p>A regañadientes, Viveka se dirigió a la puerta de la TARDIS. Al abrirla, una miríada de colores en formas incomprensibles pasó ante ellos, iluminando la estancia con tonalidades nunca vistas por un hombro. Escupió.</p>
<p>-¿Dónde he escupido?- pensó de repente Viveka.</p>
<p>-En algún momento y lugar de la década de 1980.</p>
<p>Ella casi respiró tranquila.</p>
<p>-No te atreverás a decirme que esa década no se lo merece.</p>
<p>-Viveka, te presento a Abel Amarelo, un simpático embaucador de principios del siglo XX. Finge percibir regularidades en los campos magnéticos, utiliza un vocabulario cargado de esdrújulas y cobra precios abusivos. Pasará un tiempo con nosotros.</p>
<p>-¿Has de traer a la TARDIS a toda persona que no tenga nada mejor que hacer con su vida?- bufó la mujer, arrugando su pecosa nariz.</p>
<p>-No, sólo a vosotros dos- respondió el Doctor de buen humor-. Abel, esta es Viveka Krause. La rescaté de la década de 1990 en una línea temporal alternativa que me encontre obligado a cerrar, lo que la habría erradicado del continuo espacio-tiempo&#8230; Es una larga historia.</p>
<p>-¿Vienes del futuro? ¿Y cómo es?- Abel había vivido demasiado de la Gran Guerra como para pensar que realmente había un futuro- ¿conseguimos salir de toda esta locura de la guerra?</p>
<p>-¿El futuro? Es un lugar espantoso. La gente nace en probetas, el Sol brilla con menos intensidad y los cachorritos ya no son tan monos. Y aún no te he hablado del reggaeton.</p>
<p>-Como ves, Viveka es una persona estupenda. La llevo conmigo porque es buena regateando en los mercadillos- el Doctor y Viveka se dirigieron una mirada de falsa enemistad-. Bueno, ¿contamos contigo?</p>
<p>Abel Amarelo no dejaba a nadie atrás. Un embaucador no tenía ataduras, y sí muchos motivos para huir. Pero lo que se proponía estaba por encima de todo sentido.</p>
<p>-¿Me estáis proponiendo que viaje con un alienígena milenario y con una excéntrica en pijama en una especie de… excusado azul?</p>
<p>-¿Excéntrica?</p>
<p>-No soy milenario. Ni siquiera tengo 900 años. Deberías cuidar tus palabras, soy muy sensible con el tema de la edad.</p>
<p>El único sonido que Abel pudo modular fue un torpe tartamudeo.</p>
<p>-¿Eso es un sí? ¡Fantástico! Aquí hay sitio para ti, si tienes disposición para el trabajo y buenas piernas para correr. Te buscaremos una habitación, y ya encontraremos tiempo para conseguirte más ropa. Del mismo estilo, me encanta tu estilismo. Ahora agarraos donde podáis, salimos ahora; hay un lugar que quiero enseñaros.”</p>
<p><a href="https://lh6.googleusercontent.com/-aEagQahZUA0/UOs03PYmmSI/AAAAAAAAD-I/GtdsE5Y21FI/s800/ariane179254_DoctorWho_1x03_TheUnquietDead_0404.jpg"><img class="alignnone" alt="" src="https://lh6.googleusercontent.com/-aEagQahZUA0/UOs03PYmmSI/AAAAAAAAD-I/GtdsE5Y21FI/s800/ariane179254_DoctorWho_1x03_TheUnquietDead_0404.jpg" width="480" height="274" /></a></p>
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		<title>Doctor Who: La plaga Roseta; Impresiones de una partida</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Sep 2012 07:27:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Goblin Voyeur]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Juegos de rol]]></category>
		<category><![CDATA[Actual Play]]></category>
		<category><![CDATA[Cubicle 7]]></category>
		<category><![CDATA[Doctor Who]]></category>
		<category><![CDATA[La leyenda del Peregrino]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos días jugué una nueva partida de Doctor Who con mi equipo habitual; el noveno Doctor, antes de lo visto en la serie, Acebuche, un miembro del bosque de Cheem, buen historiador pero con algún problema para recordar los cincuenta millones de siglos de su Historia, y Charlie, un trabajador de baja cualificación de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días jugué una nueva partida de Doctor Who con mi equipo habitual; el <em><strong>noveno Doctor</strong></em>, antes de lo visto en la serie, <strong><em>Acebuche</em></strong>, un miembro del bosque de Cheem, buen historiador pero con algún problema para recordar los cincuenta millones de siglos de su Historia, y <em><strong>Charlie</strong></em>, un trabajador de baja cualificación de una cadena de ultramarinos con un extraño pozo en su memoria y una extraordinaria capacidad para montar y desmontar armas en un tiempo record.</p>
<p>La partida que jugamos fue &#8220;La Plaga Roseta&#8221;, una historia incluida en la guía de criaturas del juego de rol de Doctor Who de Cubicle 7, bastante tuneada para explotar todo su potencial. Si sois potenciales jugadores de Doctor Who, quizá esta historia os resulte interesante para ser jugada en vuestra crónica.</p>
<p>El grupo se materializó en el año 7500, en una nave <a href="http://tardis.wikia.com/wiki/Krillitane" target="_blank">krillitane</a>, una raza conocida por su gusto por cambiar su dotación genética de forma habitual. La nave se encontraba orbitando en el lado oscuro de un planeta desértico, y sólo brillaban las luces rojas de emergencia. Intrigados, el doctor y sus acompañantes <a href="https://lh4.googleusercontent.com/-vckch9Oafhc/UDKEsfE4GzI/AAAAAAAADQw/SK5Fw8zJTvM/s640/549713_509937575686941_890088934_n.jpg"><img class="alignright" src="https://lh4.googleusercontent.com/-vckch9Oafhc/UDKEsfE4GzI/AAAAAAAADQw/SK5Fw8zJTvM/s640/549713_509937575686941_890088934_n.jpg" alt="" width="640" height="480" /></a>investigaron la nave, y se encontraron al capitán y a la piloto, asustados y armados. Dicen que llegaron al planeta hace unas horas, con interés arqueológico, pero que la nave empezó a fallar y muchos de los hombres de la tripulación dejaron de presentarse a sus puestos, aunque el ordenador les sigue localizando en la nave. Junto a los Krillitane, el grupo explora en busca de los tripulantes e intenta reparar los daños. Para su horror, descubren a algunos de los tripulantes desaparecidos, ¡pero están infectados de una extraña enfermedad que les hace no atender a razones y les lleva a una furia asesina! ¿Zombis en Doctor Who? Con una peculiaridad; los zombis repiten continuamente &#8220;<em>La muerte</em>&#8220;. Evitando a los infectados y a golpe de carrera y de destornillador sónico, el grupo avanza, pero la piloto es mordida. Evidentemente, contrae la enfermedad, pero cuando enloquece e intenta matarlos (prudentemente había sido encadenada a unas tuberías), ya no grita &#8220;<em>La Muerte</em>&#8220;, sino &#8220;<em>Caerá</em>&#8220;. Los viajeros en el tiempo se dan cuenta de que, en función de si han sido infectados antes o después, los zombis repiten una única palabra (o palabras, es lo que tiene el castellano y su dependencia de los artículos) &#8220;<em>La Muerte&#8221; &#8220;Caerá&#8221; &#8221; &#8220;Sobre&#8221; &#8220;Todos&#8221; &#8220;Vosotros&#8221; &#8220;Cuando</em>&#8220;&#8230; El ingenio del doctor entra en juego. Utilizando las instalaciones médicas de los Krillitane, descubre que los alienígenas han sido afectados por un extraño virus (duda a la hora de llamarlo así, y luego descubrirá que no sin razón), que muta tras afectar a unos pocos sujetos añadiendo texto a un mensaje completo; su descubrimiento le lleva a anticipar que el virus mutará nueve veces, y que el mensaje tendrá ese número de palabras. El cápitán les dice que llegaron a este planeta hace unas horas, recalando en la cara oscura del planeta para descender en busca de objetos de la civilización que habitaba este mundo; &#8220;<em>Los Kribim</em>&#8221; aclara el Doctor&#8221;.<em> Nadie sabe porqué se extinguieron</em>&#8220;. También añade el capitán krillitane una información adicional. La nave está programada para autodestruirse cuando el 90% de la tripulación esté infectada con un agente patológico incontrolable, para evitar plagas; &#8220;<em>tecnología krillitane</em>&#8220;, añade el capitán, con cierto orgullo; ahora el grupo compite contra la infección, contra los zombis y contra el tiempo.</p>
<p>Los jugadores insisten en ir a ver los objetos que subieron del planeta, en los cuales sin duda subieron los microorganismos que ahora se extienden por la nave. Entre ellos localizan una rara efigia con un símbolo grabado. Con ese objeto para investigar, el Doctor descubre que dichos microorganismos no son un virus, ¡sino la propia raza Kribim, que se mutó a sí misma a una única consciencia constituída por seres microoscópicos para sobrevivir! El señor del tiempo quiere comunicarse con los Kribim, y sólo cuenta con una manera de hacerlo; contagiarse de la enfermedad. Los terrestres son inmunes a la infección, que se extiende como la pólvora entre los krillitane, por la variabilidad genética de estos. Los señores del tiempo &#8220;gozan&#8221; de una mutabilidad similar; además, el Doctor lleva 9 personificaciones a sus <a href="https://lh3.googleusercontent.com/-3pSThKE-Wq0/UDKEdwLlc4I/AAAAAAAADQg/ENWue7ntttg/s640/PLAGA%2520ROSETA.jpg"><img class="alignleft" src="https://lh3.googleusercontent.com/-3pSThKE-Wq0/UDKEdwLlc4I/AAAAAAAADQg/ENWue7ntttg/s640/PLAGA%2520ROSETA.jpg" alt="" width="640" height="319" /></a>espaldas, ¡una por cada palabra del mensaje que los Kribim quieren transmitir! El mensaje se completa ¡y los personajes descubren que el Sol matará a todos cuando salga por el otro lado del planeta! El Doctor se queda en la TARDIS, hablando ante el espejo con la conciencia que ahora le acompaña, mientras sus acompañantes se dirigen a detener el avance de la nave y mantenerla en la sombra del planeta.</p>
<p>Los Kibrim, ahora adaptados a la forma de vida microoscópica para sobrevivir a la catastrofe que asoló su mundo, le cuentan al Doctor que su Sol cambió y sus radiaciones arrasaron su mundo. Ellos se adaptaron y se trasladaron al subsuelo, pero los krillitane se llevaron el receptáculo donde vivían. Intentaron advertirles, pues el Sol acabaría con todos en pocas horas, pero sólo consiguieron infectarles. Ahora, podrán salir de sus cuerpos y, con ayuda del Doctor, sus acompañantes y los krillitane, podrán volver al planeta. Así, Kribim, Krillitane y tripulantes de la TARDIS acaban la aventura con un buen susto en el cuerpo, pero satisfechos, sin ninguna baja y con algún que otro misterio resuelto.</p>
<p>La partida fue bien, muy divertida (al menos para el narrador) y todos los personajes fueron útiles a la trama. <a href="https://lh5.googleusercontent.com/-3uqF9mMBh7U/UDK2iwnvc5I/AAAAAAAADRI/kfKHxiqv1Go/s400/naveKK.jpg"><img class="alignright" src="https://lh5.googleusercontent.com/-3uqF9mMBh7U/UDK2iwnvc5I/AAAAAAAADRI/kfKHxiqv1Go/s400/naveKK.jpg" alt="" width="279" height="183" /></a>El sistema funcionó bien, y el uso de los Puntos de Historia se va normalizando (y popularizando) entre los jugadores a la hora de incluir elementos narrativos. Quizá se me hagan demasiados Puntos de Historia para cada jugador, pero con el tipo de aventuras que se viven, y con niveles de dificultad bajos, en los que prima es la trama, no hay pega que se le pueda poner al sistema.</p>
<p><strong>La Plaga Roseta</strong> es la segunda aventura de la crónica que estoy jugando. La primera fue <strong>Queridos hermanos</strong>, ambientada en los 1981, y que incluía una nave estrellada en la campiña inglesa. y de ella os daré todos los detalles en un tiempo. La tercera seguramente sea <strong>La amenaza Iytean</strong>, del viejo juego de Doctor Who de FASA, y llevará a los jugadores al Londres victoriano. Así hasta 12 capítulos que conformarán una temporada completa y autoconclusiva, la saga de &#8220;<em>La leyenda del Peregrino</em>&#8220;.</p>
<p>Cada aventura incluye detalles de la trama general que los jugadores aún no han notado pero que pronto notarán.</p>
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