La biblioteca ocupa una gran sala alargada, pero con no más de diez metros de ancho. En ella se alternan estanterías colmadas de libros con mesas para el estudio. Os felicitáis al ver las amplias ventanas que ofrecen luz natural a los alumnos y una vía de escape a cualquier viajero temporal en apuros. Os acercáis a las ventanas y Alonso intenta abrir una, pero la madera está expandida y le cuesta ceder. Oís un chasquido, pero no es el marco de la ventana. Unos pasos se acercan por la biblioteca. Os quedáis petrificados. Con un gesto Amelia pide a la patrulla que se oculten y os escondéis tras una mesa. Los lentos pasos crujen el el suelo de madera de la sala. El cartel de “
Silencio” en la biblioteca os suena a ironía. Entre dos estanterías aparece caminando un policía leyendo concentrado Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres. El policía hace un mohíno.
-Ya está Kant encerrado en su mundo fenoménico.- dice, pasando de página. El antidisturbios continúa andando por la biblioteca, centrado en sus asuntos.
-Dadme un instante y ese alguacil llegará a la Luna antes que el Apolo.- pide Alonso, haciendo crujir sus nudillos. Amelia no parece convencida.
-¿Es el sitio adecuado para una emboscada?- pregunta. El andaluz la mira severo.
-No sé si recordáis cuál era mi profesión.
-Podría distraerle y darle una cobertura a Alonso- se ofrece Julián. Alonso resopla.
-Para ciertas cosas, prefiero trabajar solo.
-¿Y si le tiramos la estantería encima?- sugiere Julián. El Tercio gruñe.
-¿Y eso es más lógico?