Ante una señal de Amelia, Alonso avanza para atacar al policía desde la espalda. Más de un centinela holandés ha lamentado ya la buena habilidad del soldado en estos menesteres. El andaluz se acerca a su distraído rival mientras sus compañeros aguantan la respiración. Todos estáis convencidos de que el plan tendrá éxito pero la suerte vuelve a abandonaros. La gastada madera del suelo de la biblioteca cruje bajo los pies de Alonso y el policía se gira y le sorprende a poco centímetros de él.
El policía saca un silbato y lo sopla con fuerza. El puñetazo con el que Alonso le calla no es lo suficientemente rápido.
-¡Rápido, a la ventana!- corréis e intentáis forzarla, pero no llegáis a tiempo. La puerta de la biblioteca se abre y un destacamento de policías se lanza hacia vosotros. Sois detenidos y arrastrados a un furgón policial justo cuando estabais a punto de escapar.