Dejas atrás a tu patrulla y pasas al otro lado de la barra. Los camareros han dejado su puesto a toda prisa, dejando todo listo y encendido. Aprovechas ese hecho para aproximarte a la plancha y verter un generoso chorro de aceite encima. Vuelves con el resto del equipo con toda la premura que te permite la prudencia y aguardáis a que el calor prenda el aceite, levantando una humareda negra que alarma a los policías. Los grises entran buscando el fuego e intentan apagarlo con los trapos que encuentran a mano. Aprovecháis el humo, el desconcierto y el caos para deslizaros tras los policías y salir al exterior.