-¿No nos puede ser útil este aparato?- sugiere Alonso, sacando el walkie talkie que arrebatasteis a los policías. A Amelia se le ilumina la cara, lo agarra velozmente y se lo pasa a Julián.

-Esta es más tu época que la nuestra. Aléjalos de la puerta para que podamos salir.

Julián toma el aparato poco convencido y acciona el botón de comunicación.

-Todos los agentes, acudan al vestíbulo. Los manifestantes se están reagrupando. Cambio.

Los ociosos policías se miran y responden a vuestra llamada.

-Identifíquese quien hace la llamada, cambio.- responde uno de ellos, receloso. Julián abre los ojos de par en par, temiendo que su maniobra fracase.

-Coño, Ramírez, no me jodas- reacciona-. Venid rápido que nos crujen estos cabrones.

El engaño funciona, pues los policías dan una última calada a sus cigarrillos y salen corriendo, con sus porras ya preparadas. Julián sonríe con orgullo no disimulado. Abandonáis vuestro escondite y pasáis por la puerta trasera de la cafetería. Parece que nunca llegaría este momento, pero por fin lográis salir del edificio

Ahora, a buscar a vuestro contacto.