Te fijaste claramente en que junto a la entrada estaban los interruptores de la luz de toda la sala. Si sumís el auditorio en la oscuridad, no os costaría escaparos antes de que los grises pudiesen reaccionar. Bajas escondiéndote tras las butacas. El perro gruñe y olisquea al aire pero por fortuna los policías no le dan ningún significado a su nerviosismo y consigues apagar las luces. Los agentes dan inútilmente el alto y el perro ladra, pero vosotros conseguís evadiros por el fondo de la platea antes de que sean capaces de reaccionar.

Esta es la salida