Te llevas el índice a la boca pidiendo silencio y señalas hacia la zona superior de la platea. Si sois sigilosos, podréis salir de aquí mientras los policías siguen revisando las filas inferiores. Avanzáis encogidos, con lentitud, pero el perro comienza a ladrar y los antidisturbios se ponen en alerta y corren a vuestra posición. El sigilo ya no tiene cabida, os levantáis y corréis a la salida, pero los policías avanzan rápido y sueltan al pastor alemán, que bloquea vuestra vía de escape, ladrandoos y tanteando la forma para lanzarse contra vosotros, mientras Alonso le intenta mantener a raya soltando patadas al aire en su dirección. Los refuerzos de la autoridad no tardan en llegar y os encontráis rodeados. No os queda más que rendiros y admitir que habéis fracasado al intentar cumplir los objetivos de la misión