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Tales from the Loop: Pittsfield, New Hampshire

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Tras una primera lectura del estupendo juego Tales from the Loop, de Modiphius, solo lamenté que el escenario de campaña propuesto -dos en realidad, uno ambientado en Suecia, otro en Estados Unidos- no me satisfizo, no es lo suficientemente detallado y no encajaba en el aspecto estético que le quería dar a la crónica que tenía en mente. Todo ello, junto a la posibilidad de crear un lugar más acorde con las historias que tenía en mente, y a que buscaba un mundo más realista, con menos toques retrofuturistas que los que propone el libro, opté por crear un escenario a mi medida. Así surgió -o se adaptó- Pittsfield, New Hampshire. Pittsfield es una ciudad inmersa en un inmenso bosque, a diferencia de Boulder City, y con un clima menos hostil que el de las Islas Mälaren. New Hampshire es un pequeño estado de Nueva Inglaterra, en el Norte de la Coste Este de los Estados Unidos, no lejos de Maine, el estado en el que Stephen King ha ambientado la mayoría de sus historias, y que por la multitud de adaptaciones que ha tenido su obra nos resultará cercano y sugerente; el reciente estreno de la película It hará que los jugadores tengan esos pueblos pequeños, aislados y antiguos frescos en la retina.

Os presento Pittsfield, una ciudad a la que le queda mucho por descubrir.

PITTSFIELD, NEW HAMPSHIRE, “Una ciudad nacida libre”

Pittsfield es un ciudad del condado de Merrimack, en el estado de New Hampshire. La ciudad es atravesada por el caudaloso río Winnicut, al noroeste se localiza el Penacook, un lago rodeado por un frondoso bosque, y al noreste se encuentra el monte Catamount, de 406 metros de altura. La población de Pittsfield es de 6016 habitantes censados en 1984. La economia de Pittsfield se ha sustentado tradicionalmente en la industria textil y zapatera, pero a finales de los años 60 las principales fábricas de la localidad cerraron, sumiendo a la ciudad en una crisis de la que no tardó en recuperarse. A día de hoy, la economía de Pittsfield se sostiene en la explotación maderera de las zonas boscosas del sur de la ciudad, además de ser sede de pequeñas industrias de compra venta que se nutren de las granjas y plantaciones de los pueblos de los alrededores. Pequeños talleres de artesanía textil sobrevivieron a la crisis industrial de los 60 y prosperan vendiendo sus productos a lujosas tiendas de Manchester, Concord, Boston y Nueva York, con un bien merecido marchamo de calidad.

Con todo, Pittsfield ha entrado en el mapa nacional gracias a la construcción de El Bucle, una gigantesca central energética que en sus primeras etapas da electricidad al 40% del Estado. El Bucle, desde su construcción en 1972, ha supuesto un gran y constante ingreso de dinero en la localidad y es símbolo de la prosperidad de la ciudad.

Historia

Pittsfield fue constituido en 1784 cuando un puñado de pioneros hugonotes, con el pastor Jean Jöel Levasseur a la cabeza, se asentó en estas tierras y levantó las primeras edificaciones de esta ciudad bicentenaria. En tanto Pittsfield se formó una vez firmada la declaración de independencia y concluida la revolución americana, los primeros registros históricos se refieren a ella como “una ciudad nacida libre”, lema que se ha mantenido hasta la actualidad. Los colonos se establecieron sin demasiadas dificultades y entablaron buenas relaciones con los Wampanoag, los nativos locales. Los wampanoag fueron diezmados por las enfermedades que los europeos trajeron del viejo mundo, por enfrentamientos con buscadores de pieles y por el mestizaje con la población colona, pero aún hoy existe un pequeño grupo poblacional de estos orgullosos nativos.

El Bucle

Es inevitable al hablar de Pittsfield mencionar El Bucle. El Bucle no es sino tres torres sustentadas sobre una estructura subterránea de alta tecnología que genera energía para casi la mitad del estado. La base técnica y teórica que utiliza El Bucle es secreta y desconocida, y las relaciones públicas de la instalación aseguran que se encuentra en los primeros estadios programados y que, en pocos años, incluso en meses, la energía que surge de aquí alimentará a media Costa Este. El Bucle se activó en 1972, pero esas mismas instalaciones acogían desde 1964 el Centro de Investigación de Tecnologías Civiles, un programa del gobierno de investigación y desarrollo que, oficialmente, intentaba ponerse por delante de los soviéticos en diferentes ámbitos del conocimiento aplicado. En la planta de El Bucle trabajan alrededor de un centenar de personas, pero es desconocido el número exacto y la mayoría de ellos vive en el interior de su perímetro relacionándose rara vez con los habitantes de Pittsfield.

Dentro de Pittsfield

La vida de los habitantes de Pittsfield se centra habitualmente en la misma ciudad. Los niños gozan de gran libertad y conocen y disfrutan de Pittsfield y sus alrededores. Estos son algunos de los lugares y personas con los que los personajes están familiarizados.

Museo de la ciudad de Pittsfield

En un pequeño edificio junto al ayuntamiento ss localiza el museo de la localidad de Pittsfield. Abierto los jueves y viernes por la tarde y los sábados todo el día, en sus tres salas se pueden visitar objetos personales de los fundadores de la ciudad, entre los que destaca el diario personal de Jean Jöel Levasseur y su biblia anotada. También encontramos banderas americanas de diferentes periodos, útiles y armas del siglo XVIII y detalles y donativos de los hijos predilectos y más célebres, entre los que se encuentran un condecorado as de la aviación de la Segunda Guerra Mundial, un Senador de principios del siglo XX y un médico fallecido en los años 60 conocido por sus logros en investigación y por su gestión de los hospitales públicos del Estado de Nueva York.

Museo de los pueblos nativos americanos

Los wampanoag tienen también su museo, con el que intentan que sus valores y tradiciones se preserven y conozcan. Encontraréis en sus pequeñas salas muestras de artesanía nativa, textiles y fotos antiguas, y exposiciones itinerantes sobre otras tribus norteamericanas. Arte wampanoag describen leyendas vinculadas a esta región, que relatan la cercanía de estos bosques con el mundo de los espíritus. Todas las tardes atiende a los visitantes un joven y atento guía, Robert Yahto, nativo apasionado y erudito conocedor de su historia, propietario además de una pequeña empresa maderera.

Supermercado Danis

Un pequeño y bien surtido supermercado, donde también se pueden encontrar útiles de ferretería y algunos libros y revistas. Frente al Danis se comenzó a levantar en el 82 un centro comercial, cuya construcción se detuvo un par de años después. El lugar está ahora abandonado, plagado de ratas y sirve de refugio a algún vagabundo itinerante. Los niños de la ciudad se adentran en ocasiones en este sitio, del que se cuentan historias aterradoras y difíciles de creer. Las últimas habladurías dicen que en sus paredes se han visto pintadas con extraños símbolos escritos con sangre.

Northland Restaurant

Este pequeño restaurante se localiza en los límites de la ciudad, junto a la gasolinera local, en la interestatal 28. Aunque los habitantes de Pittsfield no suelen acudir aquí, el Northland es constantemente frecuentado por camioneros y moteros. Muchos de los transportistas que llegan a El Bucle recalan en este restaurante, e historias de todo el estado se escuchan en las mesas de este lugar. La cordial Emilda Hales regenta este establecimiento en el que trabajó durante tres décadas con su difunto marido.

 

Colegio Público Franklin Pierce

El colegio de infantil y primaria de Pittsfield es el Franklin Pierce, llamado así en honor al décimo cuarto presidente de la Unión. Todos los niños de hasta 12 años acuden a este centro educativo, dotado de amplias instalaciones deportivas y de laboratorios gracias a los donativos de El Bucle, que también ha cedido sus viejos ordenadores para nutrir su sala de informática. El director del Franklin Pierce, el veterano profesor Arthur Lem, tiene fama de ser un docente severo, pero ha fomentado una amplia variedad de actividades extraescolares para sus alumnos, como el club de manualidades, el de ajedrez, el de debate y el club de lectura, así como ha buscado financiación para realizar salidas externas con los cursos superiores.

Instituto Thomas McIntyre

Los alumnos a partir de los 13 años acuden al instituto McIntyre, un centro educativo reconocido por sus logros académicos y por su elevado porcentaje de alumnos de consiguen acceso y becas a ilustres universidades de la Costa Este. Su director, Gilman W. Heyes, esgrime ante el consejo educativo estos datos, que celebra sus éxitos, aunque desde círculos liberales se reprocha que el McIntyre se concentra en sus alumnos con más posibilidades y desatiende a los estudiantes no tan brillantes, sufriendo un elevado número de abandonos escolares.

Plaza central

La plaza central de Pittsfield es un amplio espacio cuadrangular en el centro de la ciudad, junto al ayuntamiento, ajardinado y rodeada de pequeños comercios tradicionales. En la plaza encontramos un pequeño kiosko de música y una escultura en bronce de pastor Levasseur. Es lugar de encuentro de los ancianos del pueblo, pero los niños suelen evitarlo y optan por otros parques, más grandes, con menos tráfico y más alejados de las miradas de los adultos.

Estadio de fútbol americano Greg Landry

El estadio local de fútbol americano, sede de los Panteras de Pittsfield, fue construido en 1982 como regalo de El Bucle a la ciudad. Con gradas capaces de alojar a mil quinientos espectadores y modernas instalaciones para el equipo, este estadio se ha convertido en un talismán para los chicos del instituto McIntyre, que, tras décadas a la cola de las ligas preuniversitarias de New Hampshire, han llevado a los Panteras a la cabeza de la clasificación, y se habla de que algunos de sus jugadores han sido ojeados por prestigiosas universidades. Los entregados seguidores de los Panteras atribuyen gran parte del mérito a los pasos precisos y al liderazgo de su quaterback y capitan, Jesse Hanefeld.

 

Hospital General St. Patrick

Ubicado en un edificio centenario. el Hospital General de Pittsfield, el St. Patrick, es un centro médico que atiende las necesidades de Pittsfield y de las localidades de alrededor. Entre su capacitado personal se encuentran veteranos especialistas y jóvenes estudiantes en prácticas de la Universidad de Manchester. El ayuntamiento ha ofrecido en ocasiones becas a los alumnos más brillantes de la ciudad para que estudien medicina o enfermería a cambio del compromiso de trabajar cierto número de años en el St. Patrick. La dirección del hospital recae en la doctora Eleanor Booth, una internista reputada conocida entre sus trabajadores por su desmedida ambición de poder y control.

Hospital militar abandonado

El Hospital William T. Sherman es un antiguo militar de veteranos, construido tras la Segunda Guerra Mundial y reabierto tras la Guerra de Corea. El Sherman recibió a heridos de diverso tipo y tenía fama en su intervención para la rehabilitación de mutilados. Era menos publicitado, pero trascendió entre los habitantes de la ciudad, que se trataba a antiguos soldados aquejados de estrés postraumático. Tras la Guerra de Vietnam se abrieron algunas alas, pero el Sherman fue definitivamente cerrado en 1977 en favor de otros hospitales más modernos y mejor equipados.

Biblioteca pública

La biblioteca municipal tiene su sede en un edificio de corte clásico junto al río. Dispone de un buen fondo de libros técnicos y de ficción, y una destacada hemeroteca microfilmada con todas las publicaciones periódicas del condado y las principales estatales y nacionales. La dirige y organiza con celo la cercana y eficaz señora Grace Landingham; será de gran ayuda siempre que guardes silencio en la sala de lectura.

Ayuntamiento

Uno de los edificios más antiguos y mejor conservados dentro de la ciudad es el Ayuntamiento. Su perfil es muy reconocible en el urbanismo de Pittsfield, y todos los ciudadanos han de acudir aquí para resolver sus asuntos burocráticos, o para protestar ante el alcalde y los concejales. Desde 1978 la alcaldía recae en Robert Barnes, un demócrata moderado simpatizante de Reagan. Barness es un alcalde cercano al pueblo y receptivo con las inquietudes de sus conciudadanos, pero el funcionariado local, incluida la policía y el cuerpo de bomberos, se quejan de puertas adentro de su implicación y exceso de celo en los asuntos importantes, interesándose en cada paso que se da y pecando de no ser capaz de delegar en su equipo.

Teatro Levasseur

Un pequeño teatro y centro de convenciones que acoge obras de los grupos locales y, un par de veces al año, representaciones profesionales contratadas del exterior. El Levasseur se emplea también como centro de convenciones y, en contadas ocasiones, es donde se convoca a los ciudadanos para dar noticias de gran relevancia para toda la comunidad.

Barbacoa Wendy´s

Un restaurante familiar que abrió sus puertas en los años cincuenta y que, desde entonces, se ha ganado el favor y el afecto de los ciudadanos de Pittsfield. Conocido por sus costillas y sus deliciosas hamburguesas, es lugar común para familias y grupos de amigos los fines de semana, y sin duda es el predilecto para los niños. De decoración clásica y construido en madera, el Wendy’s es propiedad de Wendy Prejean, la segunda Wendy en realidad, hija de la fundadora. Los Prejean justifican su éxito en la calidad de la carne, que consiguen de su propia pequeña ganadería. Por desgracia, un extraño incidente no aclarado acabó con todas sus vacas en 1981, y a punto estuvo de hundir el negocio. El apoyo de sus conciudadanos, y el esfuerzo y buen hacer de Wendy Prejean, hizo que este querido establecimiento saliese adelante.

Serrería

Fuera de la ciudad, en medio del bosque en la montaña, hay una pequeña serrería al cargo de Jules Sullivan. Heredera de la tradición maderera de esta región, esta serrería nutre de madera para la construcción y reparación a la ciudad y pueblos anexos, y reserva poco para la exportación. En un intento de preservar los bosques del Condado, se imponen una serie de cupos de árboles talados que se respetan escrupulosamente. Con todo, esta serrería da trabajo a dos docenas de personas, incluidos leñadores autónomos, que acuerdan con Sullivan una cantidad de madera por semana. La serrería dispone de toda la maquinaria necesaria para preparar la madera y distribuirla lista para ser utilizada a constructores y particulares.

Las Iglesias

La iglesia protestante de Pittsfield es un edificio blanco, de madera y corte clásico. Los domingos se llena de devotos y entre semana asociaciones de mujeres realizan sus actividades culturales y de ocio. El reverendo Kevin Scriven, nativo de Pittsfield, atiende aquí a sus fieles. Tiene fama de solterón y reservado, y los niños, por algún motivo, le tienen cierto miedo. La bonita y pequeña iglesia católica se localiza al sur de la ciudad, con un joven y querido padre, el tejano Jeff Semper como su pastor. El ayuntamiento cede locales a otros cultos menores para que realicen sus ceremonias.

Centro de veteranos

El ayuntamiento ha cedido un amplio local en las afueras a los veteranos para que dispongan de un lugar donde compartir experiencias y recibir apoyo médico y psicológico con especialistas que, con periodicidad mensual, acuden a atenderles. Veteranos de la Segunda Guerra Mundial, de la Guerra de Corea y de la de Vietnam recalan aquí y se apoyan los unos en los otros como nadie que no haya vivido el infierno de la guerra podría comprender. Es habitual que el colegio organice salidas al centro de veteranos para animar a los veteranos y concienciar a los niños.

Recreativos Noveno Bit

Una sala de máquinas recreativas recientemente abierta por Chuck Willoby, un joven de la localidad que abandonó sus estudios en informática para regresar a su ciudad natal. La sala Noveno Bit se ha convertido en un centro de ocio y punto de reunión para los más jóvenes. Junto a las más modernas máquinas recreativas el Noveno Bit tiene otros recursos de ocio, como varias mesas de billar, dardos, un par de pistas de bolos y una pequeña cafetería.

Parque Winnicut

En la ribera del río en su paso por la ciudad se extiende un amplio parque, plenamente inmerso en el bosque. Los niños encuentran en este lugar un lugar perfecto para sus juegos. En las zonas más apartadas del parque, hay un pequeño descampado en una zona elevada con hermosas vistas del valle y de El Bucle. Los jóvenes se acercan a este lugar por las noches y aparcan sus coches para tener cierta intimidad con sus parejas.

Librería Atticus

En un amplio y luminoso local en la plaza central está la librería Atticus. Una tienda acogedora, decorada con flores todo el año y con un amplio catálogo de libros de nueva edición y de segunda mano. Los propietarios de la librería, Rudolph Gross y su pareja, Hector Borgen, pueden presumir de conocer los gustos de sus lectores y saber qué libro es el adecuado para cada uno de ellos. Se dice que la Atticus es deficitaria, pero que la fortuna de Rudolph Gross, único heredero de una rica familia, permite a la pareja vivir con soltura.

 

Río Piscataqua y Lago Penacook

El lago Penacook es un cuerpo de agua de unos cinco kilómetros cuadrados localizado en el noroeste de Pittsfield. Es un buen lugar para la pesca, y los cazadores también lo frecuentan en busca de presas que van a beber. Tiene amplias zonas de esparcimiento, y las familias hacen picnic y los jóvenes acampan en sus orillas. Un pequeño muelle acoge a barcas de recreo de poca eslora.

Está cerca de El Bucle, aunque ninguna de sus orillas cae en su perímetro. A pesar de ello, durante su construcción, extrañas estructuras metálicas desechadas fueron arrojadas a sus aguas, y vigas metálicas y enormes anillos circulares sobresalen o se ven a través de sus cristalinas aguas. En el Penacook hay una pequeña y frondosa isla.

El caudaloso río Piscataqua alimenta al Penacook, y vuelve a manar de él para atravesar la localidad.

Beacon Cinema

El multicines de la localidad, con tres salas y aforo para cuatrocientas personas, no vive su mejor momento. Con el surgimiento de los videoclubes y la popularización de los canales por cable son menos los que gastan 4 dolares en la entrada del Beacon. Stan Stain es el dueño del Beacon, que intenta remontar las cuentas del cine con sesiones de matiné los fines de semanas. Las películas antiguas a precios económicos de las sesiones de las mañanas atraen a muchos niños, sobre todo cuando el clima imposibilita jugar en parques y bosques.

Videoclubes

Hay dos videoclubes en la ciudad. El más antiguo de ellos, El Truffaut en la calle del Olmo, es regentado por Gunter Keanny, un solterón solitario aficionado al cine con un amplio catálogo de películas de todo tipo en su destartalado establecimiento. Los que acuden al Truffaut lo hacen esperando los consejos de Keanny, que sabe leer los gustos de sus clientes y recomendarles atinadamente  los títulos más indicados para ellos. Hace pocos meses abrió en la calle Watson el videoclub Endor, en la que los mellizos William y Eleanor Ambridge han invertido la herencia de sus padres fallecidos. El Endor es un lugar amplio, luminoso y en el que sus clientes pueden localizar películas de gran éxito para disfrutar en familia.

Obsevatorio ornitológico

En la ladera del Catamount, ofreciendo una visión soberbia de toda la región, se encuentra un observatorio ornitológico. El observatorio de compone de una especie de cabaña camuflada y una torre para observar a más altura. Aficionados y profesionales acuden al lugar para observar la extraordinaria fauna de la zona. La cabaña no se cierra con llave y cualquiera tiene paso libre para acceder. El ornitólogo aficionado -su auténtica profesión es la de contable- Xavier Harada se comprometió con el ayuntamiento a conservarlo limpio y encargarse de su mantenimiento, a cambio de que la ciudad construyese el observatorio.

Pensión en el bosque

Tim Shannon, un joven divorciado, es el propietario de una pequeña pensión en el bosque, un hotelito de diseño colonial con cuatro habitaciones al que muchas parejas de fuera del estado acuden por el entorno de gran belleza natural. En los últimos años, los principales clientes de la pensión Shannon son científicos y políticos que acuden a El Bucle y que desean un sitio para dormir más acogedor que las grises barracas de las instalaciones gubernamentales, ¿quién sabe qué conversaciones han tenido lugar en la elegante sala común de este encantador lugar?

Taller mecánico

El de Marco Ward es el taller mecánico de la localidad. Ward es un veterano que sirvió en Vietnam en la reparación de helicópteros. Es conocido por ser un mecánico eficaz que, ocasionalmente, recomienda pequeñas reparaciones innecesarias para ganarse un extra. Hace un par de años, Ward se traslado a las afueras de la ciudad, al adquirir una parcela en la que instaló un desguace de vehículos de cuyos restos se nutre su taller.

Tienda de coches de segunda mano

Tobias Gagne vino a Pittsfield de Brooklyn hace cinco años y abrió su negocio de vehículos de segunda mano. Se dice -y Gagne fomenta esa idea- que se encuentran bastantes gangas en el Gagne’s, a costa de los vehículos que venden los trabajadores de El Bucle, de grandes sueldos y preferencias por los coches nuevos. Rumores sin verificar aseguran que Gagne está saliendo con una profesora del colegio.

Comisaría de policía

La tranquila Pittsfield tiene una pequeña comisaría que atiende también a pueblos cercanos. A cargo del veterano sheriff Harry Cross y de cuatro ayudantes de sheriff -una de ellas Helen, su segunda hija-, no son muchas las dificultades a las que se enfrenta, sobre todo borrachos, vagabundos molestos y algún que otro altercado entre leñadores. La comisaría dispone, en caso necesario, de cuatro celdas para dos detenidos, que son trasladados a las prisiones del estado en caso de largas condenas.

 

Tribunal de justicia

En plena plaza central, junto al ayuntamiento, se encuentra el juzgado, que con diseño colonial acoge todos los juicios -no demasiados- de Pittsfield y donde los ciudadanos dirimen sus cuitas. El juez Jeff Cowan dirige la sala desde hace una década. De Cowan se dice que no es amigo de marcar sentencias, y que prefiere que las partes lleguen a un acuerdo. En caso de delitos menores sin daños a terceros o cometidos por menores suele decantarse por servicios a la comunidad.

Aeródromo abandonado

Durante la Segunda Guerra Mundial se construyeron en la costa este una serie de aeródromos para hacer frente a una posible invasión desde el Atlántico. El pequeño aeropuerto de Pittsfield nunca se utilizó con ese propósito, pero la asociación de ciudadanos de Pittsfield mantienen limpias sus pistas y conservada su zona de control. En caso de necesidad, este viejo recinto podría fácilmente acoger a pequeños aparatos.

Emisora de radio

La WGIR es la emisora local de la localidad. Ofrece programación en directo 16 horas al día, y música y programas repetidos el resto del día. Scott Macon es el presentador estrella, y en su programa Our days pone a los oyentes al día de las novedades en el condado y entrevista a personalidades locales, Contrario a la linea editorial de la cadena, Macon es escéptico con El Bucle -el principal patrocinador de la WGIR-, por lo que ha sido llamado al orden en varias ocasiones por sus superiores.

Periódico local

The Gazzette lleva casi un siglo manteniendo informados a los pittsfielditas, y en sus páginas se ha reflejado como en ningún sitio la idiosincrasia de la localidad. Herman Manning es el editor del diario, y su hija, Aisha, que acaba de volver de la Universidad, se prepara para llegado el momento, sustituirle. Hasta ese momento, Aisha se encarga de la edición dominical de la publicación.

Los bares de Pittsfield

Los ciudadanos de Pittsfield son amigos de compartir sus momentos de descanso con sus amigos en alguno de los diversos bares y pubs  que encontramos en el pueblo. El Tandy´s Pub es una cervecería muy frecuentada por camioneros y leñadores. El Central Ale House es el preferido de los más jóvenes , el Murphy´s abre toda la noche, y sus precios son tan económicos como poco recomendable su clientela. The Wild Rover es muy frecuentado por las parejas y el Fagin Pub es el punto de reunión de muchos veteranos de guerra, entre otros establecimientos.

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