-No podemos dejar a estos chicos solos.- sentencia Alonso. Toda la patrulla está de acuerdo. Amelia no se resiste a encontrar una alternativa viable.
-¿Cuál sería la salida más directa? No pienses en una situación como esta, imagina que fuera un día normal de clase; ¿por dónde saldríais?
-Iríamos al vestíbulo, que está por donde hemos venido, y subiríamos las escaleras principales. Son dos plantas, y llegaríamos a la entrada.
-Pues hagámoslo.- dice Alonso, tan implicado y lleno de emoción como lo estaría en una batalla contra el Moro. Julián le mira como si se le escapase algo.
-¿Y todos esos policías que hemos visto?
-Ahora estaban confiados y dispersos, buscando rezagados- analiza la situación estratégica el soldado-. No se esperarán un ataque frontal. Les pillaremos desprevenidos y podremos escapar.
Amelia asiente.
-De todas las ideas locas, esa es la que tiene más posibilidades de funcionar. Pero, ¿cómo convencemos a estos chicos?
Los estudiantes están juntos, callados. Se apoyan los unos en los otros e intentan mostrar serenidad, pero en realidad tiemblan y comprenden que su situación es desesperada.
-¡Soldados!- brama Alonso -Esperar aquí sin dar un paso al frente es dar por rendida la batalla. Esos mmiserables nos toman por cobardes, ríen y confían porque desde que empezó este sindios solo les hemos mostrado nuestra espalda en la huida. Salgamos de aquí, corramos hacia la salida. Una tropa unida y decidida que les pillará por sorpresa.
Los chicos se miran incrédulos. La idea les ofrece una posibilidad de escape, o, al menos, una forma de acabar con esto cuanto antes pero, ¿no es suicida lo que les piden hacer? Julián da un paso al frente. Alza un puño y se dirige a los jóvenes.
-¡¡Sepultureros del tiempo, licencia para matar!!- arenga, entregado-, ¡¡los que alimentan el odio con ocio se encontrarán. Hay que exterminar la plaga a golpes de libertad!!
-¡¡Sí!!- gritan todos, seducidos por esas ideas libertarias y de insurrección. Se encaminan a la puerta y la abren de una patada. Como una turba enloquecida corren a voz en grito, advirtiendo a todo el mundo que son una juventud dispuesta a luchar por su libertad. Alonso coge en brazos a Ariadna antes de que pueda protestar y la patrulla se une a ellos. Os encontráis con algún policía, que no se atreve a intervenir por verse superado. Alcanzáis la entrada antes de que los grises se puedan reorganizar y los universitarios salen en desbandada, imposible ya contenerlos. ¡Habéis logrado escapar, y de paso habéis devuelto la libertad a unos universitarios comprometidos! Alonso entrega a Ariadna a un amigo que se compromete a protegerla y os despedís para siempre. Corréis sin mirar atrás.
-¿”Sepultureros del Tiempo”?- pregunta Amelia a Julián- ¿De dónde sacaste eso?
-De los nuevos clásicos- resume.
Ahora, a encontrar a vuestro contacto y a completar vuestra misión.