El mejor día en Flandes es mucho peor que el peor día en el Ministerio, y esta situación llegó a ser rutinaria en los asaltos a campamentos flamentos. Das unos pasos con prudencia y, en total silencio, te pones detrás del soldado y le rodeas el cuello con un brazo, mientras con el otro aumentas la fuerza de la presión. El guardia intenta gritar pero no le llega aire a los pulmones. A los pocos segundos su cerebro se queda sin oxígeno y cae desmayado. Le depositas con cuidado en el suelo y te haces con las llaves. Con suerte cuando el marine despierte o sea descubierto hayáis acabado la misión.

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