No podéis dejar a Gregorio huir, máxime ahora que sabéis qué pretende. Os abrís paso entre los sorprendidos soldados, y es Alonso el que le alcanza, placándole por la cintura.

-Hasta aquí has llegado, bellaco.- le espeta. Pero los marines, en un primer momento atónitos, van hacia vosotros, aturden al viejo tercio de Flandes con un golpe con la culata de su pistola y apuntando a Amelia y a Julián. Gregorio se levanta y se limpia el polvo del suelo.

-A ver cómo explicáis esto- os dice, sin que los marines parezcan entender una sola palabra de español-. Yo voy a hacer lo posible por hundir la dictadura.

El técnico se aleja, mientras los soldados hacen oídos sordos a las explicaciones de Amelia y dan la alarma. Tal vez consigáis convencer a los americanos y logréis liberaros, pero será sólo tras un largo interrogatorio. Para entonces, ya será demasiado tarde.

FIN