La noche empieza a caer y la antena iluminada ofrece una vista impresionante. Os acercáis al traidor al Ministerio. Ya es hora de acabar con todo esto.
-¿Sabéis lo único que he lamentado?- os dice el técnico-. Haber tenido que llamar a la policía para denunciar actividad subversiva en la universidad para conseguir que os detengan. Usar a los grises es algo de lo que nunca estaré satisfecho.
-Todo ha acabado, Gregorio- dice Alonso-. Es inútil que te resistas. Entrégate e intervendremos para que el Ministerio sea indulgente.
El tono de Amelia es casi comprensivo.
-El Apolo 11 ha cambiado su frecuencia de comunicaciones. No tendrás oportunidad de interferirla antes de que alunice.
Gregorio os mira con incredulidad.
-Hemos llamado a la nave- explica Julián-. Hablamos con el propio comandante Armstrong. Con Neil, como quiere que le llamemos. Les avisamos de lo que pretendías hacer; han tomado medidas.
Gregorio deja caer su móvil. Sus ojos se enrojecen.
-Es cierto, ¿verdad? Todo ha acabado.
Alonso le señala el camino hacia la unidad móvil.
-Vamos a la Puerta del Tiempo. Cada minuto aquí es un minuto perdido.
Gregorio se limpia las lágrimas y camina hacia vosotros.
-Sólo quería que todo el mundo supiera lo que ocurre en España. El mundo ha cerrado los ojos ante lo que ocurre aquí. Los asesinatos, la opresión, la persecución de todo el que simplemente quiere vivir en libertad.
-Pero la Historia no puede cambiar- lamenta Amelia-. Ni siquiera para enmendar nuestros errores.