-Esta es la persona a la que estábamos buscando.- acusas. Siguiendo la orden del director, dos marines le apuntan con sus fusiles mientras un tercero le esposa las manos a la espalda.

-¡Estáis colaborando con un régimen fascista! ¡Tenéis en vuestras manos la herramienta para acabar con una dictadura!

Los americanos le empujan hacia el calabozo. Alonso da un paso al frente, furioso.

-Ese hombre es un ciudadano español, nosotros debemos ser los que se hagan cargo de él, y nuestra justicia, la que determine su castigo.

Ruiz de Gopegui os detiene con un gesto antipático.

-Esta es una base norteamericana y tenemos completa potestad entre las verjas que la delimitan. Ese hombre ha querido actuar contra intereses y propiedades americanas y seremos nosotros los que le interroguemos y, en su caso, decidamos cómo actuar. Protesten a Gobernación si lo desean.

Cuando el director de la base se aleja, Julián ha de detener a Alonso, que furiosamente se lanzaba contra Ruiz de Gopegui y los marines.

-No empeoremos la situación, Alonso.

-Estamos en un problema- señala Amelia-. Un miembro del Ministerio está en manos de los americanos, y que el mayor secreto de nuestro país esté al alcance de los Estados Unidos nos pone en una situación más que comprometida.

-Debemos llamar al Ministerio e informar de lo que ha ocurrido.- dice Alonso. Julián asiente.

-Sí, pero podemos anticipar lo que nos dirán. Que nuestra misión ha sido un completo fracaso.

FIN