Alonso no da oportunidad a que los guardias civiles y se levanta de su escondite con su pistola en la mano. Su impulsividad juega a vuestro favor, los guardias civiles son sorprendidos, dejan caer sus armas y levantan las manos.
-Atadles.- Amelia asiente; en momentos de confllicto, ¿quién mejor para dar las órdenes que un veterano de los Tercios de Flandes? Julián y Agustín atan a los guardias civiles con unos cabos de la barca de Andoni y les amordazan. En pocas horas alguien pasará por aquí y les liberarán; por entonces, vuestra aventura habrá concluido ya.
-Mi último viaje.- se lamenta Andoni. En efecto, una vez descubierto, poco puede hacer en España más que ser detenido, quizá de por vida, sino ejecutado. Permanecéis callados, sin saber qué decir. Por ayudar a los refugiados, Andoni se verá obligado a exiliarse.