Todos en la producción están muy atareados y no ven como os metéis en el río y recorréis cada uno de los pilares. Eso os da la oportunidad de trabajar con libertad, pero os expone a un peligro de muerte si no os ven cuando vuelen el puente por los aires. Pilar a pilar, Alonso va reduciendo la carga explosivo y lanzando los barrenos que retira al río, donde el agua los degradará poco a poco.

-¿Qué estáis haciendo?- no os habíais dado cuenta, pero Camorlinga está allí. Al bajar a hacer una última comprobación, os ha encontrado saboteando su trabajo-. Vais a pasar mucho tiempo en la cárcel, hijos de puta. Os voy a acusar de robar dinamita para cometer atent…

Alonso es tan de pocas palabras y tan implacable como un personaje de una película de Leone. Sin esperar una amenaza más, saca su pistola y apunta al capitán a la cara.

-Esa no es de atrezzo.- le aclara Julián. Alonso apremia a sus compañeros.

-Ya sabéis cómo se hace, id quitando barrenos de los otros pilares.

Julián y Amelia cumplen eficazmente mientras al tercio no le tiembla el pulso mientras apunta al capitán.

-Os perseguirán- amenaza este-. No hay sitio donde os podáis esconder.

-Vos haced vuestro trabajo, que es estar callado, y nosotros haremos el nuestro, que será desaparecer.

-¡Ya está!- anuncia Julián.

-Haced una señal al director para decir que todo está bien.- impone Amelia al capitán. El cañón del arma de Alonso es un buen incentivo, y cuando lo hace, salís del río y buscáis un buen refugio.

-Tú te quedas con nosotros hasta que todo esto termine- informa Julián al cautivo-. No queremos que vuelvas a estropear esta escena.

Ignoráis su mirada de odio y os escondéis tras unas sólidas rocas, cuerpo a tierra. A los pocos minutos ocurre. Con las cámaras grabando una escena que pasará a la Historia del cine, ese puente quebradizo construido sobre un río poco caudaloso por jóvenes reclutas explota por los aires. El suelo tiembla, todo retumba, los cascotes vuelan por los aires y, cuando os asomáis, sólo quedan restos negros y humeantes. La explosión ha sido tremenda y los italianos aplauden y se felicitan por el resultado. Sólo ahora el capitán de infantería Eugenio Camorlinga tiembla al comprender qué habría ocurrido si se hubiera dejado la cantidad de dinamita que había preparado. Consternado y asustado, aprovecha que bajáis la guardia para salir corriendo y alejarse de allí. Bueno, ya no supone un peligro para nadie.

-Le perseguís

-Regresáis al presente.