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Mis villanos favoritos: Cifra

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Si os preguntan cuál es el villano principal de la saga Matrix no dudaréis en responder que es el Agente Smith, y tendréis razón al hacerlo. Sin embargo, en mi opinión, la saga de los hermanos Wachowski tiene un personaje aún más perverso e interesante. Se trata sin duda de Cifra.

Todos hemos visto Matrix como para saber quién es Cifra. Miembro de la tripulación de la Nebuchadnezzar, al servicio de Morfeo cuando Neo es rescatado. Al principio se nos presenta como un rebelde más, más desencantado sin duda, pero afín a la causa de Zion. Al avanzar la trama, descubrimos que Cifra en realidad es un traidor a su propia especie (o al menos, a la Humanidad insurrecta) y que está dispuesto a vender a la persona que le rescató de Matrix y por el que se siente engañado. Para hacerlo, para entregar o asesinar a sus compañeros, incluso al último reducto de seres humanos libres, sólo pide algo a cambio; volver al engaño, regresar a Matrix, y no recordar nada, ni de su traición ni del mundo real del que está huyendo.

“-¿Sabes? Sé que este filete no es real, sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix la que le está diciendo a mi cerebro “es bueno, y jugoso”. Después de nueve años, ¿sabes de qué me doy cuenta? La ignorancia es la felicidad.”

Cifra sabe que la “realidad” no existe, que es un engaño, una esclavitud disfrazada de paraíso. Una fuerza externa nos engaña para manipularnos y se llega a insinuar que muchos de nosotros aceptamos esa mentira, a nivel subconsciente, porque nos resulta cómodo y sencillo. A Cifra se le ofreció la posibilidad de destapar esa patraña, de descubrir el auténtico mundo, de mirar en la manga del prestidigitador. Pudo elegir, se le ofrecieron dos pastillas que marcarían para siempre su vida y su destino. Desde entonces Cifra ha pensado que eligió la pastilla equivocada.

Con ello, Cifra se convierte en un malvado más humano de entre los que el cine nos tiene acostumbrados. Si normalmente los “malos” proclaman su grandeza, Cifra reivindica su derecho a elegir ser manipulado, dirigido por otros, su derecho a reconquistar su engaño, su plácida mentira. Odia a Morfeo porque le dio una posibilidad sin la que habría sido feliz. Cifra debería haber elegido la pastilla azul, Cifra debería haber seguido creyendo todo aquello en lo que quería creer.

No es el deseo de Cifra sino un deseo natural, común, un espejo puesto ante nosotros que nos enseña cuántos de nosotros elegiríamos la mentira, cuántos preferiríamos seguir en Matrix. Otros factores se unen a su amargura. El amor no correspondido de Trinity, la aparición de un “Elegido” en el que todos quieren creer (¿quiénes son los que se engañan ahora?, parecía pensar) Pero es su deseo de librarse de esta pesadilla innecesaria que es la realidad la que ha de quedar en nuestro recuerdo. Hace poco leí en una página web una frase de Descartes que relacionaban muy atinadamente con este personaje y su desesperación al conocer la auténtica naturaleza del mundo:

Este designio es penoso y laborioso, y cierta dejadez me arrastra insensiblemente al curso de mi vida ordinaria; y como un esclavo que sueña que está gozando de una libertad imaginaria, al empezar a sospechar que su libertad es un sueño, teme el despertar y conspira con esas gratas ilusiones para seguir siendo más tiempo engañado.

Cifra no sabía que el plan de Smith no había cambiado y que su destino era morir junto a aquellos a los que traicionaba, no regresar a Matrix. Personalmente, me sobra el “Roma no paga traidores”, como si un plan divino existiese para castigar a los desertores, incluso a manos del resto de villanos, pero sólo es un detalle menor y yo no soy uno de los hermanos Wachowski; ni soy millonario ni planeo cambiarme de sexo.

Corto la conexión. Un saludo, amigos míos, y que no os falten las pastillas azules.

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