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Mis villanos favoritos: Judas Iscariote

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Judas Iscariote representa el prototipo de un tipo de villanos, quizá los más despreciados incluso dentro del bando al que favorecen: los Traidores. Judas, el mal supremo. Judas, el desleal, el avaricioso, el que da la espalda a la fe habiendo sido elegido. Su propio nombre es ahora un insulto.

Dante le otorgó un puesto privilegiado en su Infierno, donde sería masticado por toda la eternidad por una de las tres cabezas de Lucifer, junto con Bruto y Casio, otros ilustres traidores.

Se dice que Judas, además de uno de los apóstoles, era el tesorero de la comunidad, papel que aprovechaba para sisar dinero destinado a los pobres o a la devoción. Pocos más datos son conocidos sobre Judas provenientes de la tradición canónica o incluso de los evangelios apócrifos. Sólo el Evangelio de Bernabé le da un papel importante. Este texto, poco considerado por los cristianos, pero más reconocido por el Islam (fue escrito por un mahometano, y en él se insiste mucho en que Jesús no es el Mesias), dice que Judas fue el martirizado en la Cruz en lugar de Jesús. Si se habla de Judas, se habla de su traición.

Señalado en la Santa Cena como futuro delator, Judas, frustrado, acudió al Sanedrín judío. Dicho Sanedrín, furioso por el alcance de las prédicas de Jesús, quería prenderle, pero temía hacerlo cuando la población le rodease, temiendo un posible alzamiento. Por ello, Judas se ofreció a acompañarles cuando el Rabí sólo estuviese acompañado por sus más allegados y señalarle entre los 12 con un beso en la mejilla. Así lo hizo y por ello cobró 30 monedas de plata. Inmediatamente se arrepintió, arrojó las monedas ante los sabios judios y se suicidó ya sea, según la fuente, despeñándose o ahorcándose de un árbol.

La Biblia nos habla de esto; el resto, ha sido la tradición quien lo ha aportado. El nombre de Judas, por ejemplo, se ha vinculado al judaismo y a lo judio, como si los otros apostoles (y el mismo Jesús) fueran menos hebreos. El judio como avaricioso, como falso y taimado. Incluso en el arte sacro se le representa con la nariz aguileña y los rasgos angulosos que tradicionalmente se les atribuyen.

Y como con personajescomo Pilatos o Herodes, no hay perdón para Judas. Ya en los textos canónicos se habla de arrepentimiento, algo insuficiente para la tradición. Prevalece la imagen del delator, no la del arrepentido. Su suicidio aumenta el pecado, y adelanta al mundo físico su castigo eterno.

Sólo en épocas recientes se ha reivindicado la figura de Judas y su puesto en la historia de las religiones cristianas.

En 2006 se hizo público un estudio que investigaba un nuevo Evangelio apócrifo, el llamado Evangelio de Judas, un texto hallado en el desierto en buen estado de conservación. En sus hojas marchitas, se contaba una historia que daba un vuelco a la versión más popular sobre Judas y su pecado. Según este nuevo Evangelio, Judas no sólo no era un traidor, sino que era el favorito de Jesús, el único que había entendido la justa palabra del Rabí y el que conocía y comprendía el alcance de su mensaje y de su figura. Odiado y envidiado por los otros apóstoles, Judas se ganó la confianza del Señor, que le mostró la complejidad de su Palabra. A Judas le confió también la misión más difícil, más dolorosa. Llegado el momento sería Judas quien le entregaría, pues solo con esa entrega el sacrificio del Hijo de Dios por la Humanidad tendría un significado real. Con esa delación -le advirtió Jesús- se convertiría en maldito, en un proscrito para la Historia, como así fue.

Esta historia es la que trabajé en laaventura “Pago en plata“, para Hollow Earth Expedition, que aún podéis descargar en el blog.

En su relato, Tres versiones de Judas, Borges nos da una serie de visiones alternativas, apócrifas y blasfemas sobre el Iscariote. “No una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a Judas Iscariote son  falsas“. Parte Borges de la idea de que la acusación del discípulo sería innecesaria para el Sanedrín, como innecesario es señalar a un hombre notorio por sus enseñanzas públicas. Por ello, la Traición ha de tener otro significado, nada casual, considerando la altura del Acontecimiento del que se habla. Se dan tres visiones del hecho, que sirven para liberar a Judas de algo de su culpa.

Se postula en la primera que el Iscariote fue el único capaz de vislumbrar la Divinidad de Cristo, y le entregó al hierro romano para forzarle a declarar su herencia celestial, convocar a sus ángeles, y provocar un alzamiento contra el Imperio.

La segunda habla de un sacrificio en el propio Judas mayor que el de su maestro. Si el Rabí entregaba su cuerpo, Judas entregaba su nombre, su lealtad, su propia alma, pues el nombre de Jesús ya le colmaba y le gratificaba en el mismo infierno. La traición, la entrega del alma, como penitencia que minimizaba el martirio de los anacoretas que sólo saben sufrir en su cuerpo físico por la devoción al Señor; aún sufre Judas por su pecado, castigado en el infierno, pero satisfecho por conocer el alcance de la Palabra.

La tercera, la más osada, habla de que la entrega del Hijo de Dios, el sufrimiento y la pena, no puede resolverse con tres horas de penar en una Cruz. El verdadero Mesias no entrega algo tan fugaz como su Cuerpo, sino que sacrifica, por todos sus hermanos, su alma al martirio eterno. Si esta versión maldita fuera cierta, no sería Jesús, sino Judas, el verdadero Hijo de Dios. Nuestro auténtico Mesías.

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