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Primus circumdedisti me: España

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La Historiadel mundo de Primus circumdedisti me ha discurrido de una forma muy similar, casi paralela, a la que conoces. Imperios y grandes personalidades surgieron y dejaron su huella imperecedera, mientras gente luchadora y trabajadora encontraba la forma de sobrevivir entre la adversidad y la pobreza. Grandeza y destrucción, heroísmo y barbarie, aparecen por partes iguales en ambas realidades, como en ambas estuvieron presentes la leyenda y el miedo a lo desconocido, a lo mágico, al terror que crece en las sombras. Solo que en el mundo de Primus circumdedisti me todas esas fábulas e historias son ciertas.

Dinastías egipcias surgidas de seres semidivinos perdieron poder y decayeron a medida que su sangre se aguaba mezclada con la humana. La civilización griega, tan detallista a la hora de relatar las fabulosas gestas de sus héroes y la increíble extrañeza de los seres que les acosaron. Los romanos, capaces con su arrojo e inteligencia, al igual de con sutiles ritos, de controlar los hilos del Destino que haría grande su Imperio nacido de unos huérfanos criados por una loba.

Más tarde nuestra Europa, una Europa con una minoría capaz de controlar una magia sublime y artera, con la que se impuso una aristocracia de temidos privilegiados a la que solo un grupo de contestatarios y hombres santos se atrevió a hacer frente, no siempre con éxito.

Un mundo entero de misterio, de seres casi etéreos que se esconden para sobrevivir o para acecharnos, continentes enteros abonados para la aventura y el descubrimiento, la supervivencia y la epopeya.

Ese es el lugar en el que te adentras, en ocasiones será familiar, en ocasiones extraordinario. Los detalles de su desarrollo y de los sucesos que cambiarán su Historia te serán relevados a su debido tiempo, y a un ritmo que solo los sabios y prudentes sabrán apreciar.

Adiéstrate, ora o estudia, pues mucha preparación, astucia y audacia te hará falta para sobrevivir a la historia que se abre ante ti.

 Muy breve, pero cierta, Historia de la España de Primus circumdedisti me

La PenínsulaIbéricafue, desde que se aprendieron a relatar los hechos humanos, un lugar privilegiado por su clima templado, la riqueza de sus tierras y la posición favorable en el continente-mundo. Los nativos prosperaron en un terreno fecundo mientras extranjeros de todo el mar interior visitaban sus costas y finalmente se asentaban en ellas.

Fue cuando Hispania recibió tal nombre cuando el esplendor de este territorio apunto tan alto como más tarde sería recordado.

Las legiones Romanas, originalmente en grandes apuros para conquistar a unas gentes en rara comunión con sus mesetas y riscos, marcaron para los siglos con su cultura y su lengua la forma de evolucionar de todo un pueblo, incluso tras su propia decadencia y la caída de su capital cobijada entre colinas.

Los Visigodos, los nuevos soberanos de la península, osados pero supersticiosos, abrazaron la religión de sus dominados y adoptaron su lengua. Perfeccionaron con sus artes los ritos de fe de los cristianos, pero, en su continua guerra interna se debilitaron y fueron barridos por los hábiles musulmanes, de avanzada ciencia y complicada y elegante magia.

Los Moros controlaron la casi totalidad dela Península trayendo una época de esplendor artístico y cultural. Su fina herrería, sus hábiles estrategias militares y su ciencia progresista les ponía muy por delante de los cristianos, por entonces incultos y muchas veces mal gobernados. Dominaban además los moros a los djinn, entes espirituales arrancados de los desiertos,  a los que esclavizaron como sirvientes, espías y ocasionales guerreros. Muchas de las historias de los súcubos, íncubos y poseídos de esa época son narraciones de los logros y los desmanes de los djinn, burlones y depravados sin duda, pero difícilmente considerables como demoniacos.

Los eruditos explican que muchos de estos djinn permanecieron en España tras la conquista de Granada, dando pábulo a las leyendas moras y repoblando el mundo etéreo ibérico con nuevos seres que se añaden, y en ocasiones se enfrentan, al bestiario mágico español.

 

Escondidos al principio entre las montañas, en los últimos Cristianos aumentó su rechazo y desconfianza por la magia. Las guerras civiles que tanto dañaron este floreciente país fomentaron su paranoia hacia lo etéreo. Si preguntas a cualquiera, te responderá que las facciones sediciosas y finalmente vencidas de Doña Urraca y su traidor hechicero y mil veces maldito Vellido Dolfos, o de la desleal Juana se apoyaron en la magia y contaron con consejeros inmateriales que respondían a sus propias motivaciones. Todo ello justifica -te dirán-, que el español confíe únicamente en la inquebrantabilidad de su honor, el impulso de su espíritu y la devoción al Dios auténtico.

A lo largo de los siglos, entre oraciones al Hijo de Dios y al Profeta, españoles cristianos y musulmanes se enfrentaron a muerte y de nuevo el fraccionamiento, en este caso de los adoradores dela MediaLuna, acabó con los que cientos de años antes habían llegado con una sabiduría y un arte no siempre añorados, pero por los milenios recordados.

Una España unida por los Reyes Católicos, dueña de su destino sin reducto musulmán en sus tierras, comenzó a crecer y su nombre fue muy oído entre cristianos y herejes. Los europeos, con sus tropas arrasadas en las inútiles Cruzadas por las flechas, los alfanjes, los oscuros aliados e increíbles destrezas de los musulmanes, se encontraron con una nueva potencia en su propio continente, que crecía hasta hacerse imparable con las tierras recién descubiertas y bien gestionadas de las Indias.

Ni las malas artes ni las conjuras del resto de naciones de la cristiana Europa pudieron frenar la expansión de la España de los Austrias.

En la conquista de las Indias (una inagotable fuente de riqueza para España) se han querido ver ciertos hechos y portentos que para muchos indican un favor de la fuerza divina hacia el poder castellano. Aún a día de hoy sorprende a curiosos y eruditos la asombrosa sucesión de prodigios que conllevaron a dicha conquista y al consiguiente mestizaje de dos mundos.

Fabulosas apariciones, reveladoras visiones e increíbles proezas que el demostrado valor y el empuje de los conquistadores no justifican convincentemente.

Junglas encantadas, casi sintientes, imperios milenarios apoderados por sádicos demonios, hechicería consagrada a perversos fines, tribus de seres ni enteramente hombres ni enteramente bestias, adversidades todas ellas superadas por un grupo heterogéneo de soldados y desterrados, incluso proscritos, tal vez gracias a una alianza desconocida o privilegiado favor divino

La causa y el alcance de estos prodigios es aún, muchos años después, objeto de debate y controversia.

Los españoles, educados bajo la Cruz y endurecidos tras siglos enfrentándose a guerras y penurias, han aprendido a recelar de lo misterioso, de lo mágico, de lo inaudito.

Desde que su profeta apelase a la grandeza moral y espiritual- nunca mágica o mística- del ser humano, y desde que se enfrentaron en una guerra centenaria contra el invasor moro y sus arteros y vaporosos siervos hechos de viento y arena, los españoles confiaron su grandeza a la fe, la determinación y el honor.

La fe, la religión, que otorga al cristiano una fuerza y una confianza íntima, ha llevado al español a encabezar un Imperio que abarca los cuatro continentes. Su alianza no es con duendes burlones ni con ángeles expulsados del paraíso. La Cruzpermite un vínculo con Dios, conla Fuerza Suprema que todo lo crea y todo lo abarca. Los prodigiosos milagros que hacen sus más fervorosos hombres de fe son la prueba más evidente de esta privilegiada comunión.

Estos milagros no son, para el agnóstico, otra cosa que una forma elemental e intuitiva de magia, no muy diferente a la que se pone en juego en las cortes de otras naciones, y sin duda desvinculada de toda relación especial con Dios. La visión de estos escépticos tal vez sea tendenciosa y esté empañada, o quizá al contrario goce de la claridad que ofrece la distancia; es misión de los teólogos y hombres sabios determinarlo.

Pero no todo es esplendor en la capital del mundo. Los españoles de finales del siglo XVI ven su libertad coartada por un gobierno que les asfixia a impuestos y una Iglesia que, con la escusa de perseguir al hereje, al heterodoxo y al brujo es intrusiva y se entromete en sus asuntos, sus posesiones y su moralidad sin nadie ante el que responder. Todo prodigio o capacidad extraordinaria que muestre el humilde español es puesta sobre estricta vigilancia y muchas veces purgado, por lo que el ingenio, sino la picaresca, es la única manera de prosperar en las ciudades dela Península.

Deseosos de salir de la pobreza y de huir del yugo del rey y dela Iglesia, muchos españoles, sobre todo castellanos, se embarcan como marineros, soldados o trabajadores y parten al nuevo mundo, donde aún hoy desconocidos misterios y peligrosos seres sin nombre les aguardan entre la espesura de la jungla.

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