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Teoría rolera: La Estratagema del Mal Menor

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El tema de la entrada de hoy versa sobre una estrategia para permitir algo que a todos, al menos de vez en cuando, nos encanta hacer, que es interpretar a personajes malvados en nuestras partidas de rol. Por supuesto, todos somos mayorcitos (hablando de juegos de rol somos de hecho muy mayorcitos) y entendemos perfectamente la diferencia rol-vida real, con lo que poco más que esta frase merece el llamar la atención sobre la madurez con la que se ha de afrontar esta decisión. Dicho esto, que es tan necesario como especificar en las instrucciones de un microondas que no conviene meter dentro a un caniche, pero que como esto sirve para que nos lavemos las manos en el caso de que a uno de vosotros le dé por matar a su abuela y aparezca este blog en sus direcciones de Favoritos, continuamos.

La posibilidad de interpretar a personajes de moralidad dudosa y sombrías intenciones se recoge en el rol desde esos latosos alineamientos de

Este tío es Gary Oldman

D&D en los que tenemos que decidir si somos Legales Malvados (asesino ancianitas pero saco la basura rigurosamente después de la 20), Caóticos Buenos (salvo niños de orfanatos en llamas, pero paso de pagar el IBI) con todas las posibilidades intermedias que ya conocéis. En formato historia tipo Dungeon tampoco hay mucha diferencia. Si voy a entrar en una caverna y matar kobold, cubos gelatinosos y demás gentuza, tampoco importa mucho si lo hago porque el Sol salga un poco más brillante o para forrarme, la verdad; la historia es la misma, la trama no varía. Si queremos centrarnos en una historia un poco más compleja (incluso dentro de la tematica sajarraja, no me atribuyáis más prejuicios de los que ya tengo) la cosa varía, pues no vale la misma trama para un personaje malvado que para uno bondadoso. El componer una historia para tipos malvados y crueles tampoco debe ofrecer muchos problemas; definir una trama, marcar unos antagonistas y, en lugar de salvar a la princesa, matarla. Fundido a negro con el sonido de una tétrica carcajada. Fin.

El problema para afrontar este tipo de historias radica en que los jugadores se creen buenas personas. Quizá no lo sean, seguramente son unos miserables (mis jugadores lo son), pero hasta la chusma más baja se considera a sí misma bondadosa y dirigida por nobles intereses. Por ello, aunque a la hora de representar situaciones en las que desatemos nuestra maldad (tirar papeles al suelo, no ceder el asiento en el Metro, irnos sin pagar de las cafeterías o hacer chistes sobre homosexuales) nos podemos divertir y desatar nuestra amoralidad latente, a la hora de perseguir objetivos que se opongan íntimamente a nuestra moralidad podemos sentirnos no ya incómodos, pero sí poco motivados. Honestamente, no me

Dragon Ball: el mayor ejemplo de reinserción social

implicaré demasiado si tengo que asesinar a un honesto padre de familia, derrocar un gobierno democrático o hacer arder Gotham porque sí. Y eso que yo soy un cabrón con pintas.

La alternativa que os ofrezco es lo que yo llamo (aunque por supuesto no lo he inventado yo) la Estratagema del Mal Menor.

Este ejercicio narrativo, muy utilizado y efectivo, consiste en enfrentar al personaje protagonista (o no protagonista), un villano por comportamiento y falta de ética, a otro personaje aún más perverso, con lo que la maldad de nuestro personaje palidece y es casi preferible. De esta forma, se acentúa la maldad del auténtico villano comparándola con la de nuestro personaje, y se le transmite mayor sensación de peligro, dado que se opone a un protagonista que, por sí mismo, merecería ser considerado el “malo de la película”.

Como siempre, lo más clarificador será usar ejemplos.

En Dexter el protagonista es, lo sabemos desde la primera escena, un asesino en serie. Carece de emociones, finge querer a sus familiares y respeta las formas de relación simplemente para no llamar la atención. Su deseo de matar es profundo e ineludible pero lo canaliza de una forma interesante: asesinando a asesinos. Cada temporada, su antagonista es otro asesino en serie, no muy diferente a él, pero que actúa contra personas inocentes. Si en esta serie, Dexter asesinase a policías inocentes, seguramente no nos sentiríamos motivados a seguirla, por

¿A quién teme el lobo feroz?

muy definido que estuviese el personaje.

En Star Trek: Voyager utilizan una hábil estrategia para acentuar el peligro y el poder que supone una nueva raza enemiga. El episodio “Scorpio” comienza con un par de naves Borg en pantalla, soltando su rollo habitual de “Bajad los escudos y rendid la nave”. Todo el que conozca Star Trek sabrá lo que suponen los Borg; la mayor amenaza a la que se puede enfrentar nadie en este universo. Tras presentarnos esa escena con las dos naves, dos rayos surgen de fuera de pantalla y los cubos son destruidos. A lo largo de episodio descubrimos que los Borg están en guerra con una raza aún más poderosa y maligna,…, y que están perdiendo. El que la tripulación del Voyager tenga que aliarse con los Borg hace imaginar la auténtica dimensión del peligro al que se enfrentan.

¿Os acordáis de Bola de Dragón? ¡Utilizaban esta estrategia continuamente! En primer lugar, Yamcha es un adversario de Goku. Luego se convierte en un aliado, pero es vencido por Ten Shin Han, el nuevo rival principal. Ten Shin Han se convierte en amigo y compañero de Goku, y lucha a su lado para vencer a Piccolo. Al llegar los guerreros del espacio a la Tierra, Piccolo se une a Goku. Tras vencer a Vegeta, este se une al grupo para luchar contra Freeza.

Hannibal Lecter es un personaje de profunda maldad. En Hannibal, la tercera novela y película hecha sobre el personaje, ya no se enfrenta a la justicia, sino a Mason Verger, una de sus víctimas, un sádico pedófilo mutilado y tetrapléjico por culpa de Lecter. La perversiòn de Verger queda incluso acentuada ante la maldad de Lecter, convirtiéndolo en uno de los más aterradores villanos de su década.

Siguiendo esta estratagema, escribí una aventura de Star Wars desde el punto de vista de los Sith, que colgué en saco de dados y que podéis encontrar AQUÍ. Me gustó la idea de explotar la idea de que los Sith sólo tuviesen un aprendiz, y plantee la situación de que un Sith adiestrase a varios aprendices (los jugadores) y, para decidir quién sería su auténtico heredero, los expuso a una situación en la que necesitarían trabajar juntos. Para que pudiesen sacar su lado diabólico, la gracia de la partida era que al final sólo debía quedar uno, con lo que debían encontrar el momento para asesinar a sus “compañeros”, pero no demasiado pronto, pues era necesario el apoyo de los otros, a modo de peones, para superar algunas escenas. Para que los jugadores se sintiesen cómodos, les enfrenté a un mal aún mayor que el propio poder de los Sith, y con una corrupción aún mayor que la que ellos representaban. Si escribiese ahora esa historia, lo haría de otra manera, utilizando más elementos del mundo de Star Wars y ambientándola en un entorno más poblado y conocido, pero me sigue gustando la idea.

¿Qué pensáis vosotros?¿cuáles son vuestras estrategias para incluir a personajes malvados en vuestras historias?

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