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Viajes en el Tiempo en Doctor Who

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Los seguidores de Doctor Who nos vemos obligados a hacerle una serie de concesiones a la lógica en pos de disfrutar de una de nuestras series favoritas.
Doctor Who es una serie de ciencia ficción soft, extremadamente soft. Con esto quiero hacer una catalogación, no una crítica. La ciencia ficción soft no es peor en su calidad o en su mensaje, simplemente sacrifica verosimilitud o detalle a favor de la narración a la hora de contar sus historias.
Siguiendo este enfoque, Doctor Who nos presenta a un excéntrico alienígena viajando en una cabina de teléfono que es más grande por dentro que por fuera, lo que al recién llegado le resulta sin duda desconcertante, pero que al iniciado le parece perfectamente lógico: “Claro, la TARDIS es una cabina de teléfono más grande por dentro que por fuera, ¿y?”. Los alienígenas y villanos son en muchas ocasiones de aspecto extravagante, incluso pasmoso, como monjas gato, hombres mosca, hombres cerdo, maniquíes homicidas, papa noeles asesinos, rinocerontes policía, espantapájaros o, porqué no afrontarlo, Daleks. Las tramas se resuelven habitualmente con cachivaches alterados vía destornillador sónico, de manera vagamente explicada a toda velocidad a través de pseudocháchara científica.
Además, el Doctor es el único superhéroe que se pasa la mayor parte del tiempo huyendo de sus enemigos.
Con todo, Doctor Who nos encanta, y esas peculiaridades convierten a esta longeva serie británica en una de las más queridas por los amantes de la ciencia ficción.

En este artículo pretendo hablaros de una de estas extrañezas de la serie, que debe ser entendida si se quiere jugar una campaña de rol en torno a la figura del Doctor.
Se trata de la concepción del viaje en el tiempo en el mundo del Doctor Who.
Ya hablamos en otro artículo con detalle del viaje en el tiempo y, aunque la concepción que vemos en la serie de Doctor Who no encuentre exactamente su acomodo en ninguna de las que hablábamos, tal vez os resulte interesante leerla y permita que os imbuyáis en la problemática del viaje temporal en la ficción.
Es difícil ser preciso en este tema. Como os decía, Doctor Who es ciencia ficción soft, y muchas “reglas” pueden cambiar de un episodio a otro sin más criterio ni porqué que para enriquecer la narración, sin que el espectador deba protestar ni escandalizarse. De igual manera, es difícil mantener una coherencia interna en una serie que está a punto de cumplir medio siglo de vida.
A pesar de ello, Doctor Who sí tiene una concepción particular del tiempo, y de los viajes a través de él, tal vez una concepción muy sui generis, pero característica y especial. Como con el resto de normas del universo Whovian, el seguidor activa su Supresión de la Incredulidad y llega a interiorizar estas leyes, sistematizadas, sí, pero honestamente inverosímiles.

¿Es posible o no cambiar la Historia en Doctor Who?
Pregunta básica a la hora de abordar una ficción relacionada con la mecánica temporal. ¿Permite la física del Universo de Doctor Who alterar los hechos de la Historia? Aunque la respuesta exija una serie de matices, podemos decir que Sí. De hecho, es lo que el Doctor hace constantemente. Su TARDIS aterriza en un momento temporal determinado, se encuentra con un problema normalmente de naturaleza insólita, los protagonistas se enfrentan a él, corren todo el rato y cambian el hecho.
Podríamos decir que la Historia ya cuenta con el viaje del Doctor y que realmente escriben la Historia, no la reescriben. No cambian la Historia deteniendo a un alienígena insectoide que pone en peligro la vida de Agatha Christie, sino que eso ya estaba escrito y no se podía cambiar, pero hay datos que rechazan esa posibilidad y que la línea del tiempo sí es vulnerable al cambio.

Se habla varias veces a lo largo de la serie, en cualquier caso, de hechos, momentos especiales, que no pueden ser cambiados, pues funcionan como puntales o como vigas maestras del tiempo, y su ocurrir es indispensable. Pueden ser hechos aparentemente insignificantes, como la muerte prematura de un padre de familia (Día del padre) o hechos históricos recordados por los siglos, como la destrucción de Pompeya (Los fuegos de Pompeya), pero son igualmente importantes y no pueden ser cambiados.
En el episodio “Las aguas de Marte”, el Doctor lo explica con estas palabras.
Este momento, este preciso momento en el tiempo, es como… es sólo una teoría, qué sabré yo, pero creo que ciertos momentos en el tiempo están fijados. Diminutos momentos preciosos, todo lo demás fluye, todo puede pasar, pero esos momentos tienen que permanecer. Esta base en Marte, contigo, Adelaide Brooke, es un punto vital. Lo que pasa aquí debe pasar siempre.
Los efectos del cambio de estos hechos son imprevisibles, aunque inevitablemente destructivos. El más evidente e inmediato es la aparición de Reapers, seres atemporales que se alimentan parasitariamente de toda alteración inesperada del tiempo como las bacterias en una herida infectada.
Más allá de esos “momentos preciosos” la Historia es casi infinitamente flexible, se compensa en torno a los cambios que se le introduzcan y permite al viajero una gran libertad sin esperar paradojas o contratiempos.
El Doctor, como todo Señor del Tiempo, dispone de una percepción especial de la línea del tiempo y sabe, casi instintivamente, qué momentos son alterables y cuáles han de permanecer invariables.

¿Puedo conocer a mis yoes del pasado o del futuro en Doctor Who?
Como tantas cosas en Doctor Who, de entrada No, aunque es algo que ocurre constantemente.
En teoría, una vez que estamos inmersos en una situación o hecho, el Tiempo, en su sentido más amplio, impedirá que volvamos a cruzarnos con ese momento espacio-temporal, expulsándonos si intentásemos interferir. Al llegar a un momento concreto, ya formamos parte de esos hechos y no podemos volver a intervenir; esta limitación no es tanto ética (aunque originalmente se llegó a sugerir que se trataba de una especie de tabú) sino una imposibilidad física real
Recordemos el estupendo episodio “La joven de la Chimenea”. El Doctor conoce, y se impresiona por una hermosa joven, Madame de Pompadour. Tras vivir emocionantes aventuras con ella, la invita a subir a su TARDIS. Por desgracia, a causa de la imprecisión de las ventanas temporales por las que la visita, cuando va a buscarla ella ya ha muerto, aun cuando para él apenas han pasado unos minutos. ¿Por qué no usar la TARDIS para viajar, con precisión, meses antes de que la mujer muera, y cumplir su promesa de hacerla viajar con él? Porque el Doctor ya forma parte de ese hecho temporal y sería expulsado. El Espacio Tiempo, descubrimos, puede ser cruel en ocasiones.
Supongamos que el Doctor se halla en otra de sus aventuras. A la hora de atrapar a un perverso alienígena o salvar a un inocente en peligro llega tarde, por unos pocos segundos, ¿podría simplemente usar su TARDIS para volver atrás unos minutos y llegar a tiempo de tener éxito? Rotundamente no; el Doctor ya forma parte de esa “historia”, de ese momento, y no puede regresar, pues ya esta allí. No podemos cruzar nuestra propia línea temporal, esa es otra de las pocas, pero estrictas reglas bajo las que se rige este universo.
Así es como explica el Doctor este hecho al entrañable Wilfred.

“-Escucha, Doctor, si esto es una máquina del tiempo, en cuanto al hombre al que persigues, ¿por qué no salta a ayer y lo atrapas?
-No puedo volver dentro de mi propia línea temporal. Tengo que estar próximo al Amo dentro del nexo causal, ¿entiendes?
-Ni una palabra.
-Bienvenido a bordo.

Con otras palabras, el 9º Doctor se lo explica a Rose en La despedida:
“-Y, claro, no puedes, pero… tienes una máquina del tiempo, ¿por qué no vuelves a la semana pasada y los avisas?
-En cuanto la TARDIS aterriza me convierto en parte de los acontecimientos, quedando atrapado en la línea del tiempo.”

De esto se deduce el corolario de que, aunque sea un viajero en el tiempo, el Doctor (y todo viajero en el tiempo, por ende) tiene su propia línea causal, que extrañamente se mantiene. Por ese motivo el Doctor no se encuentra con sus antiguos o futuros Yoes y sus “pasados”, “presentes” y “futuros” no se confunden y entremezclan.
Esa línea discurre sorprendentemente paralela a la de otros crononautas. Si el Doctor se cruza con el Amo en sucesivos, y alternantes momentos históricos, ambos tendrán los mismos recuerdos y los mismos encuentros pasados. Si el Doctor se enfrenta al Amo en 2186, 1977, 1542 y 200171, en ese orden, para el Amo los encuentros se han producido en el mismo orden, aunque ambos sean viajeros en el tiempo y estén saltando de época en época constantemente. Para los dos, al cruzarse en 1542, su anterior encuentro fue en 1977, aunque cronológicamente sea posterior.

Existe una ley que explica a qué limitaciones se ve sometido el viajero en el tiempo. Se trata del Efecto de Limitación de Blinovitch. Según esta ley, un viajero en el tiempo no puede volver al pasado para intentar hacer algo que ya ha hecho. También se explica por el mismo efecto que dos versiones de la misma persona no han de entrar físicamente en contacto, pues la cantidad de energía liberada en caso de hacerse sería muy peligrosa. Esta “ley universal”, aunque surgida de la serie clásica, ha sido mantenida en la continuación de 2005, sin citarse su nombre pero sí sus prohibiciones.

Aunque claro, como en toda serie de larga duración, más aún en Doctor Who, toda norma sirve hasta que deja de hacerlo, y podemos comprobar como el Doctor se ha topado con gente que le conoce pero a la que él todavía no ha conocido (como la reina Isabel I de Inglaterra, por citar un ejemplo ilustre, o la doctora River Song, para acudir a un personaje más central en la trama), o con él mismo en otro momento histórico, como en el estupendo especial Time Crash. En este especial llegó incluso a pellizcar sus propios mofletes del pasado, aunque eso, supuestamente, debería desencadenar una fuerza cósmica brutal. También podíamos entender que como se trataba del 5º y del 10º Doctor, en realidad son dos personas distintas, pero creo que entendéis por dónde voy. El 11º Doctor también llega a tocarse a sí mismo (entiéndase esta frase y no se saque de contexto) en Big Bang y nada desastroso ocurre.
Los Reapers además han aparecido muy puntualmente en la serie, como si su función parasitaria dependiese más del dramatismo que de una sistematización de las reglas del tiempo.

Pero no desesperemos. Si os atrevéis a jugar una crónica de Doctor Who tened en cuenta estas normas para evitar jugadores tramposillos; no hay nada más peligroso que darle una máquina del tiempo a un Munchkin.

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