Recuerdas las palabras de Amelia en vuestro reciente visita a Burgos y sales al paso con soltura.

-Nacional, defendí la causa Nacional- este es el tipo de mentiras, o requiebros, que el bueno de Fray Luis no te tiene en cuenta-. Yo luché con Franco. He conocido trincheras y bombardeos, pero nunca he luchado del lado de los rojos.

En esto, al menos, no estás mintiendo, y al cura parece satisfacerle. Durante unos minutos escuchas sus desvaríos sobre el renacer de un imperio y asientes dócilmente. Sales después para encontrarte con el gesto de expectativa de tus compañeros, pero la sonrisa del cura les tranquiliza. Intercambiáis un par de frases protocolariamente cordiales y dejáis la Iglesia.

-Dudo que podamos conseguir ayuda de este hombre- resumes, al salir de la Iglesia-, pero no creo que nos suponga ningún problema.

Seguid buscando la forma de volver.