-Vayamos al puente.- dices, en un impulso. No corréis el peligro de que hagan explotarlo con vosotros encima, pues se os verá claramente. Quizá de esta forma consigáis llamar la atención de Sergio Leone y logréis que entre en razón y reduzca la carga explosiva. Tan atareados están todos que nadie se da cuenta de a dónde os dirigís. Incluso tenéis que gritar y agitar los brazos para que finalmente os vean. Inquieto y desconcertado, Fabio Fava, el ayudante de dirección, se acerca a vosotros.
-¿Qué hacéis aquí?
-El capitán Camorlinga ha puesto demasiada dinamita en el puente- explicas-. Si no se rebaja, las consecuencias son imprevisibles. No nos moveremos de aquí hasta mientras la producción, y los que trabajamos en ella, corramos peligro.
-Porca miseria.- dice Fava. Sergio Leone le mira desde lejos, parece que pidiéndole explicaciones. Para vuestra desgracia, quien se acerca es Eugenio Camorlinga, rodeado por un grupo de resignados cadetes.
-Nosotros nos encargamos de esto.- se limita a decir.
-Estas poniendo en peligro a todo el mundo, Camorlinga- le dices-. Ajusta la cantidad de explosivo y nos iremos de aquí.
Su única respuesta es una orden a sus soldados para que os saque de allí. Amelia patalea inútilmente cuando un soldado la levanta a pulso, Julián se revuelve y tira a un soldado al agua, y Alonso está rodeado de cuatro reclutas caídos, con los ojos amoratados o las mandíbulas doloridas cuando es cercado por media docena que le arrastran contra su voluntad. Os sacan del puente violentamente y os llevan tras las cámaras. A pesar de vuestras protestas, el rodaje continúa y se pide a los integrantes de la producción que tomen posiciones. Cuando todo el mundo se ha puesto a una distancia prudencialmente alejada del punto de la explosión, las cámaras comienzan a rodar. Uno de los técnicos -nadie le volvería a ceder otra vez tal honor a Camorlinga- acciona el detonador.
El infierno se desata.
Una carga más grande de lo esperado revienta el puente, pero causa una inda expansiva brutal que destroza las cámaras y lanza al equipo por los suelos. Astillas y cascotes alcanzan vuestra posición, y muchos caéis heridos, creando una impactante imagen junto con los soldados de atrezzo que representaban los muertos de una batalla. Cuando te puedes incorporar, con un fuerte pitido en los oídos, oyes gemidos y gritos de auxilio en diferentes idiomas. Alguien dice que ha habido un muerto, no sabéis si es cierto ni quién es. Tras esto es muy posible que la película no se complete, o que se convierta en un film maldito. Viendo la escena de dolor que tenéis a vuestro alrededor, lo que está claro es que la Historia del cine ha cambiado irrevocablemente.
FIN