En este oscuro habitáculo oyes el suave ronroneo de un generador eléctrico. El tamaño del aparato y la cantidad de cableado que surge de él te hace pensar que seguramente nutra de energía a prácticamente todo el centro; los americanos parecen preferir utilizar su propia electricidad y no depender de la red española. Te acercas al generador, pero compruebas que la reja que lo separa del resto de la habitación está asegurada por un candado de aspecto macizo. Si no tienes las llaves, será imposible que accedas.