Ya casi habías olvidado el martillo, pero actúas rápido y la sacas, golpeando el cristal. Uno de tus compañeros te arrebata la herramienta y aprovecha para golpear el parabrisas desde su posición ventajosa. El cristal cede y podéis salir y huir a toda prisa. Los soldados os persiguen pero lográis esconderos entre unas cajas mal apiladas. Dejando un par de minutos para que pasen de largo, salís de vuestro escondite y discutís vuestro plan de acción.