Actúas con una agilidad que incluso a ti te sorprende y saltas a un lado, arrojando los clavos tras de ti. Algunos de ellos se clavan profundamente en los neumáticos, haciendo que Gregorio pierda el control del vehículo, evitando por muy poco estrellarse contra la verja. Aturdido, Gregorio sale corriendo y os apresuráis para atraparle. Por desgracia, un marine se encuentra en los alrededores y os tenéis que esconder para evitar levantar sospechas.