Hay pocos sitios que puedan esconderte y tienes poco tiempo para decidir. Te pegas a la pared, esperando que simplemente echen una mirada rápida y continúen su camino, pero la pareja entra y no tardan en descubrirte.
-¡Alto!- gritan, y preparan sus porras. Ya es tarde para engañarles, así que optas por pelear… pero son dos antidisturbios bien entrenados, y tú has perdido el factor sorpresa. Estás en el suelo cuando el primer policía te golpea en el estómago y estás de rodillas jadeando cuando la porra del segundo impacta en tu espalda.
-Libertad, libertad- se mofa uno-. ¡Vosotros lo que queréis es libertinaje!
Tu vista se nubla. Caes inconsciente.