Con tan poco tiempo antes de que lleguen los grises, sólo se te ocurre esconderte bajo la mesa del profesor, que por suerte es grande y te ofrecerá una buena cobertura si los antidisturbios no son demasiado meticulosos. Aguantas la respiración cuando se abre la puerta del aula.
-Nada, despejado.
-Ya han corrido esos rojos a sus casitas.
-Una guerra es lo que les hacía falta.
La conversación entre ambos se aleja, pero prefieres pecar de prudente y aguardas escondida un par de largos minutos. Te levantas algo dolorida, preguntándote si Alonso y Julián han podido salir airosos de su encuentro con la policía.