Tienes la convicción de que Gregorio Saavedra será un exaltado y un delincuente temporal, pero no un asesino, y que sacando esa pistola pretende más amenazar que disparar. Improvisas un plan, quizá descabellado. Aprovechando un momento en el que el enlace parece concentrarse más en tus compañeros que en ti sacas la botella de agua que cogiste de la unidad móvil y vacías su contenido sobre Gregorio. Te mira desconcertado y sorprendido, pero, como previste, no dispara.
-No entiendo esa respuesta infantil, pero no evitará que transmita al mundo mi mensaje.
Pero, por fortuna, sí lo evita. El agua ha alcanzado el móvil, por fortuna de un modelo bastante vulnerable a la humedad y Gregorio fracasa a la hora de realizar su llamada. Sacando beneficio de su confusión, Alonso salta sobre él y se apodera de su arma, aferrando dolorosamente su muñeca. Rendido y controlado, el traidor yace a vuestros pies.
-Las cosas seguirán siendo como deberían ser, Gregorio- dices-. Esto ha acabado.