La base de Fresnedillas está compuesta de una serie de edificios que orbitan alrededor de la antena central. Rodeada de una verja, el único acceso es un puesto de control vigilado desde una garita por un único marine que ojea desinteresado un número atrasado de la Newsweek cuando llegáis con la unidad móvil.

-Press- muestra su acceso Gregorio. El marine lo estudia, mira su lista de entrada y levanta el paso.

-Come in.

Amelia se dirige a sus compañeros bajando la voz.

-¿Cómo vais vosotros de inglés?

-Yo a nivel nativo de Carabanchel.- confiesa Julián. Alonso se acaricia el mostacho.

-”Sonofabich”, “güiargointucutyorbols”. Lo necesario para un asedio.- Amelia les mira con gesto de reproche.

-Pues apañados vamos. Bueno, cuando haga falta vosotros dejadme hablar a mi.

Mientras Gregorio y Vázquez preparan el equipo de transmisión, y ante la mirada inquisitiva del periodista, que no entiende porqué no arrimáis el hombro para ayudarles, estudiáis el recinto. La gigantesca antena ocupa una posición central, con la presencia constante de un marine. A pocos metros se halla la sala de control, donde los técnicos controlan las comunicaciones y mantienen contacto con Houston. Adyacente se ve lo que parece un pequeño restaurante y, mas cercano al puesto de seguridad del acceso, unos barracones prefabricados donde presuponéis puede descansar el equipo técnico y militar. El edificio más pequeño y alejado es lo que parece un pequeño almacén de equipamiento. Veis otras unidades móviles con los distintivos de la BBC y de France Télévisions, aparte de otros vehículos, cualquiera de los cuales podría ser el del cronocriminal.

Un hombre de aspecto amable pero con evidencias de fatiga se acerca a vosotros.

-El equipo de Televisión Española ha llegado, un placer recibirles- os da la mano uno a uno-. Soy Luís Ruiz de Gopegui, director de la base de seguimiento de Fresnedillas.

-El placer es nuestro- toma la palabra Julián-, estamos seguros de que la misión será un éxito. ¿Y qué mejor sitio para presenciarlo que este?

-¿Se espera la llegada de mas periodistas?- se interesa Amelia. Ruiz de Gopegui niega con la cabeza.

-Han sido pocos los aquí destacados. Su cadena emitirá la señal a otros países… como ya sabrán

-Lo sabemos, lo sabemos.- interviene Gregorio-. La señal que salga de aquí será retransmitida a millones de personas en todo el mundo.

-Háblenos del papel de Fresnedillas en la misión Apolo.- pregunta el periodista, mientras el director de la estación os conduce al interior de la sala de control.

-Su misión es vital- resume, sin falsas modestias-. Tres bases siguen al Apolo. Considerando la rotación de la Tierra, una misma base no podría mantener el contacto permanente con la nave, por lo que Houston necesita a Australia y Madrid. De hecho – el director presume al decirlo- será Fresnedillas la que reciba la señal cuando la nave descienda a la Luna.

Técnicos españoles y norteamericanos ponen toda su atención en el espacio, escuchando cada detalle y transmitiendo las instrucciones de la NASA.

La sala de comunicaciones es una estancia amplia, repleta de enormes computadoras de aspecto primitivo. Viniendo del 2015, os resulta difícil creer que sea posible mandar a tres valientes a la Luna con menos tecnología que la de cualquiera de vosotros tiene en su móvil.

Junto a los ocupados técnicos de batas blancas, veis a dos periodistas que hablan animadamente entre ellos mientras sus cámaras graban a los concentrados ingenieros.

-Les presento a August Pickels y a Jean Prévost, periodistas de la BBC y France Télévisions. Cubrirán para sus países el trabajo de estas bases.

-Encantado de conocerles- dice el francés, con un precario español-. Cubrir la noticia más importante del siglo en este pueblo pequeño y encantador es un placer inesperado.

-Indeed- sonríe Pickels-. Haremos llegar la sorprendente historia de este hermoso lugar a todo el mundo.

Los cámaras se limitan a saludaros con la mano. Posiblemente no hablan vuestro idioma, o quizá, simplemente, solo están interesados en conseguir un buen encuadre.

-El momento del alunizaje es las 21:30, hora española- anuncia Ruiz de Gopegui-. Aquí al lado tienen el pequeño restaurante de la base, a su disposición toda la noche. Si en cualquier momento lo desean, yo mismo les ofreceré información pormenorizada de nuestra labor aquí.

-Acepto su ofrecimiento- dice Vázquez. Los dos hombres se alejan en plena conversación, mientras los enviados especiales extranjeros charlan distendidamente entre ellos.

En este momento os quedáis solos.

Es el mejor momento para que podáis investigar.