-(¿Y qué piensas de España? ¿Te gustan sus tradiciones? ¿Te gusta el fútbol?)

-(Ja, ja, ja. Es un país encantador pero no le veo emoción a vuestro deporte nacional; ¿tan pocos goles? ¿empates? Honestamente, no es lo mio.)

-(Veo que tú eres más de beisbol)- señalas el periodico deportivo americano que tiene, providencialmente, al lado opuesto a las llaves. El chico instintivamente se gira, momento que aprovechas para hacerte con el manojo.

-(Sí, un gran deporte. Lastima que en este país no tenga ninguna tradición)

-(Cierto, cierto)- intentas dar por acabada la conversación-. (Pero tengo la convicción de que en unos años eso cambiará.)

Te disculpas aduciendo obligaciones laborales y dejas al chico releyendo su periódico atrasado. Sientes haber abusado de la confianza del joven soldado, pero no te cabe duda de que, si supiera cómo están en juego las Historias de vuestros dos países, él mismo estaría de acuerdo.

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