La fortuna ha querido que, de todas las tradiciones españolas, el marine haya adquirido la de la siesta. El joven no tarda en dormirse, soltando algún ronquido sonoro. Puedes acercarte sin problemas y apoderarte de las llaves. Huyes rápidamente, deseando que la cabezada del guardia duren hasta que el Apolo alunice.
Apunta LLAVES.