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Rol Olvidado: Las Extraordinarias Aventuras del Barón de Munchausen

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Corría el año 2001 cuando la editorial La Factoría de Ideas, en ese momento en la cresta de la ola rolera en España, apostó por una línea de juegos menores tanto en precio como en pretensiones, y que llegaban a tener mecánicas muy distintas a las de los juegos de rol orientados al gran público; el primer número de esta colección fue el que hoy nos ocupa, Las Extraordinarias Aventuras del Barón de Munchausen. Prácticamente todos los títulos de la Colección Dosdediez merecerían (y quizá lo hagan) estar en estos artículos de rol olvidados, pues en su momento sonaron, tuvieron una buena distribución y una editorial de renombre que les avalaba, pero no creo que, doce años después, se juegue a ninguno de ellos ni en los grupos de juego más nostálgicos. A día de hoy, gracias a que una gran cantidad de esos juegos ha debido aparecer en algún almacén, he podido hacerme con varios de ellos y es el número uno por el que me atrevo a empezar. Las Extraordinarias Aventuras del Barón de Munchausen me sorprende por el hecho de que, siendo de la época que es, es un juego de rol sin narrador con mecánica más o menos indi. Realmente, su forma de juego le aleja a mi entender bastante de los juegos de rol y se trata más bien de una sucesión de narraciones independientes de cada uno de los jugadores, en la que los otros jugadores sólo intervienen incluyendo enmiendas que el jugador en su turno puede incluir o no. Al final de todas las narraciones, cada jugador votará por su historia favorita y el ganador obtendrá las glorias del triunfo y la obligación de pagar la siguiente ronda. Cuando leía el juego me vino inmediatamente a la cabeza el juego de mesa Érase una vez, y no iba tan desencaminado, pues, aunque el libro está firmado por el propio Barón de Munchausen, los autores aparecen mencionados al final del manual, y uno de ellos es uno de los creadores del Érase una vez. La forma de juego es similar a la del conocido juego de cartas solo que el punto de partida no es sino una pregunta que un jugador hace al jugador de su derecha. Una pregunta del estilo de “¿Podría contarnos a mis amigos y a mi, querida Baronesa, su fabuloso viaje a Babiera y el porqué después de su visita, todos los zapateros del lugar son inevitablemente zurdos?“. Cada jugador, interpretando a un excéntrico miembro de la aristocracia del siglo XVII, ha de responder con convicción, originalidad y soltura a esa pregunta, narrando las extrañas incidencias del acontecimiento por el que le preguntan. Cada jugador dispone de tantas monedas como jugadores haya en la mesa, y las puede utilizar para interrumpir la narración y -nunca acusando de mentiroso al narrador, eso sería una descortesía y una falacia- incluyendo matices, del estilo de:

“Pero, estimada Baronesa, usted nos habla de la declaración de amor del Marqués de las Marismas Lodosas, pero, como sus biógrafos han demostrado, el Marqués era marcadamente… desviado, y sus apetencias, ajenas a todo lo femenino”.

Si el narrador “recoge el guante”, ha de integrar ese detalle en la historia, explicándolo satisfactoriamente, ganando así la moneda gastada por el otro jugador, o ha de negar la validez de ese dato, gastando para ello una moneda a su vez.

"Barón, contadnos la historia de cómo se quedó colgado vuestro caballo del capitel de una iglesia, y cómo lo liberasteis"

Las magras reglas de este juego imponen, eso sí, que en la narración no se acuda a la magia, sino sólo a la “lógica” y a la “ciencia”, y que, aunque se pueda acudir a los extraños poderes de acompañantes fabulosos, sólo se utilice uno por historia. Una vez concluida su historia (de duración aproximada de cinco minutos), el jugador pasará el turno al siguiente, haciéndole una pregunta igualmente estrafalaria a la que su contertulio responderá con todo el desparpajo posible. El manual, de poco más de 30 páginas, podría resumir sus reglas en poco más de una página, pero es extremadamente divertido de leer y, al estar narrado por el propio Barón, son comunes las disertaciones vacías y los descarrilamientos. Además, como ayuda para los jugadores, al final del libro se incluyen doscientas posibles preguntas para los jugadores, todas simpáticas, algunas desternillantes. Quien se enfrente a este juego puede verse obligado, por ejemplo, a responder a cuestiones como “Cuéntenos, Barón, el asunto del perro que hablaba francés, y la historia trágica de su amo“, “Explíquenos, querido Conde, porqué todos los herreros de Londres le deben tres guineas” o “Aclárenos, estimado Marqués, cómo y porqué tuvisteis que batiros en un duelo a muerte con vos mismo“. No sé cuántas y cuales de las doscientas premisas que se incluyen en el libro son originales de la obra de El Barón de Munchausen, pero es la parte más divertida de leer. El juego, por añadidura, está fabulosamente ilustrado, eso sí, acudiendo a los grabados originales de Gustavo Doré quien no parece haberse ofendido por el uso fraudulento de su arte, quizá por el hecho de que lleva casi 150 años muerto. En conclusión, y a pesar de todos mis prejuicios, Las Extraordinarias Aventuras del Barón de Munchausen es un manual de muy amena lectura y prometedor, si bien puede hacer que jugadores inexpertos, poco ocurrentes o tímidos se sientan incómodos. Una buena adquisición para mi colección al precio de 595 pesetas o, como me costó esta misma semana, 2€ en una caja de saldos.

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