Corréis carretera abajo, pues aún fuera de la universidad seguís expuestos, aún más a campo abierto con policías a caballo patrullando por el campus. Oís un claxon, un coche se pone a vuestra altura.

-¿Habéis conseguido salir?- dice un hombre desde el interior, bajando la ventanilla de su SEAT 850 rojo-. Porque sois vosotros, ¿verdad? Los del Ministerio. Los del futuro, ya sabéis.

-¿Nos llevas y lo discutimos?- gruñe Julián. Vuestro contacto entra en la cuenta, y retira el seguro para que podáis entrar. Una vez dentro pisa acelerador y os alejáis en dirección a la ciudad.

-Menuda se ha liado- ríe-. Esos cabrones no saben cómo joder a los pobres estudiantes.

-La ingenuidad de la juventud- observa Julián, desencantado-. Como si con unas proclamas pudiera acabarse con una dictadura.

-Algo han de hacer esos chavales.- concede vuestro enlace, mirando por el retrovisor para asegurarse de que nadie os sigue.

-¿Lo ha visto?- inquiere agresiva Amelia-. Nos habría venido algo de ayuda.

-Lo siento, guapa- se disculpa-. Estoy fichado. Si la policía me hubiera detenido habría pasado lo que queda de Régimen en Carabanchel. Y ahí dentro de poca ayuda os sería a vosotros o al Ministerio.

-¿Y qué nombre figura en su ficha policial?

-Es cierto, perdonad. Me llamo Gregorio Saavedra. Podéis llamarme Goyo- imprudentemente, os da la mano a cada uno sin dejar de conducir-. Vendréis a mi casa y descansaréis allí. Mañana es el día del alunizaje, iremos a Fresnedillas y ya quedará en vuestras manos.

-¿Cómo conseguiremos entrar en la estación de seguimiento?- se preocupa Alonso.

-Trabajo en Radio Televisión Española como técnico y productor- explica-. Mañana iré con una cámara y un periodista a cubrir la noticia. Conseguiré pases para vosotros, no sé, como asistentes.

-Estupendo- celebra Amelia, mirando por la ventana el paisaje del Madrid del tardofranquismo.

-¿Y cómo ha deducido el Ministerio que algo va a pasar en Fresnedillas?- inquiere Gregorio, incorporándose a la autovía. Julián sonríe.

-Vimos a un tipo sospechoso en las grabaciones de la época.- Alonso le dedica un gruñido.

Vuestro vehículo se une a tantos otros y os perdéis definitivamente de la búsqueda de la policía.

Gregorio os deja en el piso franco del Ministerio, en la calle del Conde. Sonreís al recordar que ese mismo piso lo ocupasteis hace poco en vuestra misión para garantizar la llegada del Guernica a España. Será dentro de 12 años.

-Oid, ¿nos dejamos una nota a nosotros mismos?- sugiere Julián.

-No juegues con el Tiempo.- le censura Amelia. Alonso se santigua imaginando las implicaciones de esa propuesta.

-Bien, aquí os dejo- se despide Goyo. Vendré a buscaros mañana a las cuatro. La llegada del Apolo se espera para las nueve y media de la noche, aunque vosotros lo sabréis mejor que yo. Tenéis la nevera llena y algo de dinero en la mesa del salón, pero no abuséis; recordad los recortes.

Os despedís de él y aprovecháis para descansar. Mientras coméis y veis los informativos, discutís a qué dedicar las veinticuatro horas que quedan hasta que comience la misión.

Os quedáis en casa, estudiando la prensa y la televisión para ver qué se dice del alunizaje

Salís a dar una vuelta para estudiar la época y saber qué ambiente se respira