-Mi trabajo no es diferente al que tendría en cualquier otro bar- explica el dicharachero Braulio-. Lo único a lo que me obliga es a chapurrear un poco el inglés, yu nou, y a en misiones como esta abrir las 24 horas. Además, tengo que llevar la comida a los guardias. En un rato, sin ir más lejos, debería llevarles un bocadillo. Si estás por aquí -te guiña el ojo, abusando de tu confianza- podrías echarme una mano; tengo a la camarera de parto y no doy a basto. Por supuesto, te invitaría a comer.