La fortuna quiere que tus amigos pasen por ahí en ese momento. Los tres os reunís con el camino expedito para continuar con vuestra misión.

-Subamos por esta escalerilla, en ese pilar es donde vimos el paquete.-organiza Amelia.

Con gran profesionalidad encumbráis la antena y observáis como, conectado a sus circuitos, hay unos cables y un smartphone que opera con una aplicación desconocida.

-Son como los que nos da el Ministerio.- observa Alonso. Julián asiente.

-Y no solo eso- coge del suelo una colilla pisada-. Celtas. Sólo he visto desde que llegamos a una persona fumar esta porquería.

-Gregorio Saavedra- sentencia Amelia-. Como trabajador del Ministerio del Tiempo dispone de conocimientos y tecnología superiores a los de su época. Es técnico de comunicaciones, con lo que no le costaría interrumpir o manipular la señal del Apolo 11. Pero, ¿para qué?

-Salvador tenía razón a medias- dice Julián-. Alguien quería interferir con la misión Apolo, pero no era exactamente un viajero en el Tiempo. Otra cosa tenemos clara: el Ministerio debería tener más cuidado con la gente a la que contrata… exceptuando a los aquí presentes, claro.

-Claro- le interrumpe Amelia-. Debemos quitar esto de aquí, antes de que Gregorio haga lo que quiera que sea que quiere hacer.

-¡Un momento!- la frena Alonso-. Gregorio es un pájaro astuto, ¿no es posible que esta no sea la última artimaña que tenga preparada?

Amelia coincide con el Tercio.

-Es cierto. Sigue siendo una prioridad encontrar a Saavedra.

-…Y que me dejéis interrogarlo.- apostilla Alonso. Entretanto, arranca el móvil de la antena. El aparato parpadea y se mantiene encendido hasta que el Tercio lo aplasta de un pisotón.

-A lo mejor habria bastado con apagarlo- apunta Julián.

Las sutilezas para los cirujanos- zanja alonso- ahora, a por ese traidor.