Llegáis apresuradamente a la sala de comunicaciones. Inconscientes de lo que está ocurriendo, técnicos y periodistas continúan en sus labores. Como era de esperar, Gregorio no está en la sala.

-¿Es que Televisión Española no ha mandado a nadie que esté dispuesto a trabajar hoy?- protesta Vázquez, micrófono en mano. La cámara apunta a los técnicos, evitando el gesto agrio y de disgusto del periodista. Julián improvisa una excusa.

-Estábamos comprobando la conexión de la antena de la unidad móvil con Torrespaña.

-¿Con qué?

-¿Dónde ha ido Gregorio?- inquiere Alonso, apretando los puños. Vázquez le mira con escepticismo.

-A comprobar la conexión de la unidad móvil- bufa-; es raro que no os hayáis cruzado.

Le dais la espalda sin explicaciones y habláis entre vosotros.

-Gregorio es un tipo astuto, debemos actuar con rapidez.- observa Amelia.

-Puede estar en cualquier parte.- se lamenta Julián. Alonso le corrige.

-No en cualquier parte. Entre todos hemos visitado todos los edificios de la base.

-Bueno, al menos hemos llegado a una conclusión- añade el enfermero, mirando a su amigo-. Ya sabemos porqué estamos aquí.

-Explícate.- exige Alonso. Julian y Amelia se miran y sonríen.

-¿No te has dado cuenta?- dice la mujer-. Acabas de pasar delante de la cámara. Como vimos en el Ministerio.

-¿Me estáis diciendo que acaban de grabarme haciendo lo que me vimos hacer hace dos días, que será dentro de 46 años?- sus compañeros asienten, divertidos. El tercio se persigna-. Válgame cristo, que este trabajo le obliga a uno a santiguarse más que un obispo.

-Salgamos a buscar a Gregorio- les apremia Amelia-. Esta vez el tiempo no corre a nuestro favor.