Quizá con un exceso de confianza decides entrar en la habitación de la que se oyen voces. El interior está a oscuras y las personas que hablan no cambian su tono, lo que sugiere que no te han descubierto. Te ocultas tras unas cajas y atiendes a los ocupantes de la habitación. Esperabas a un par de soldados u operarios de la base hablando de forma técnica pero ves a dos civiles hablando de forma melosa. Antes de que comiencen a besarse y acariciarse en una actitud desinhibida y poco heterosexual les reconoces como a August Pickels y a Jean Prévost, de la BBC y France Télévisions. Su comportamiento te pudo haber resultado sospechoso pero comprendes que lo que estos dos buscaban era intimidad. Los tortolitos se detienen cuando ven que les has descubierto.

-Eres tú- dice el italiano-… veras, nosotros en realidad…

-August y yo estábamos…- tartamudea el francés.

-Por favor, que nadie diga que esto no es lo que parece- les interrumpes-. No os preocupéis, en serio, si esto en el futuro va a ser de lo más normal. Una jefa mía, sin ir más lejos…

-Jean y yo hemos coincidido en varios destinos- explica August, tomando a su amigo de la mano-. Y, bueno, las experiencias vividas nos han unido mucho.

-Intentamos vernos todas las veces posibles- continua Jean, mirando a su pareja con ojos llenos de chispitas-, pero intentamos aprovechar momentos como estos para estar juntos.

-En serio, contad con mi discreción- les aseguras-. En cualquier caso, pensaba que todos los periodistas estaríais ya cubriendo la noticia.

-Bueno, salimos y entramos. Aún queda un rato para los momentos más comprometidos del viaje- dice August. Jean te mira, intrigado.

-Además, los de Televisión Española también habéis salido.

-Sí, sí- quieres atajar sin dar demasiadas explicaciones-. Mis dos compañeros y yo salimos…

-Tres compañeros y tú, querrás decir- te corrige el francés.

-¿Tres?

-Sí- confirma August-, el cámara que iba con vosotros dejó el centro de control al poco de entrar. No sé si ya habrá regresado.

-Seguro que fue a la Unidad Móvil a por algo de equipo- justificas precipitadamente, pero ciertamente con la mosca detrás de la oreja-. Os dejo. Espero que consigáis disfrutar de vuestra relación, a pesar del rechazo de la gente y de la distancia.

-Si no- dice Jean, mirando a su pareja como sólo puede mirar un francés-, siempre nos quedará Fresnedillas.

Quedarte un minuto más sería tan indiscreto como incómodo. Ve a la habitación de al lado y no mires atrás.