-Quería confesarme, padre.- tus compañeros te miran incrédulos, y a ti también te cuesta verte tomando este tipo de iniciativas. Pero, pardiez, no es la primera vez que estás en un confesionario y en situaciones más apuradas te has visto; sabrás manejar la situación.
-Ave María purísima.
-Sin pecado concebida. Hace una semana que no me confieso- dices-. Muchos son los pecados que he cometido en mi vida, padre, pero creo estar en paz con Dios por todos ellos.
No faltas a la verdad. El Ministerio del Tiempo atiende las necesidades religiosas de sus miembros, muchos de ellos provenientes de siglos en los que la Fe es parte ineludible del día a día, y curas, así como rabinos e imanes para españoles de tiempos pretéritos, cumplen con sus responsabilidades para sus congregaciones y atienden a sus dudas espirituales, no pocas cuando el trabajo de uno es el que es. Tú, sin ir más lejos, recibes sacramentos semanalmente con Fray Luis de León, comprensivo con los pecados y faltas derivados del viaje en el Tiempo, pero inflexible con el respeto a la Cuaresma.
-Dime, hijo, ¿en qué has pecado?
-Apelas al secreto de confesión y eres sincero con el motivo de vuestra presencia