Cuando os encontráis otra vez, Alonso está sudoroso y fatigado, Amelia carga con una montaña de carpetas con datos de la producción y hace anotaciones y actualizaciones con un grueso rotulador, y Julián viste un impoluto uniforme azul, que luce con alegría casi infantil.

-Voy a salir en la película.- presume. Amelia consulta sus papeles.

-Ahora se va a rodar la escena de los músicos. Creo que saldrás ahí.

Julián saca pecho y pone pose de pistolero.

-Tienes un aspecto horrible- Pregunta a Alonso, que está cubierto de polvo y barro y visiblemente cansado-. ¿Qué te ha pasado?

-Mejor ni preguntes.- gruñe.

-Bueno, ¿qué habéis descubierto.

Explicas lo que has oído en relación al puente y a la escena que se rodará en poco tiempo. Todos estáis de acuerdo en que ese es un momento que, por su sensibilidad, deberíais vigilar de cerca. A vuestro alrededor, los técnicos van colocando cámaras y extendiendo cables. Los figurantes reciben las primeras instrucciones y los actores se acercan repasando sus papeles. Julián señala a uno.

-¡Ese es Eli Wallach!- explica-. ¡El feo!

Un hombre bajito, de rostro simpático y ropa desastrosa, llega al punto de rodaje charlando amigablemente con el actor vestido de soldado unionista que está a punto de torturarlo. Profesionalmente, Amelia se le acerca y le entrega unas hojas de guión. El actor le sonríe con amabilidad y picardía.

-Gracias, preciosa.- se esfuerza a decir en castellano.

Sergio Leone, un joven regordete y sudoroso, da instrucciones a interpretes y extras para la escena. Un grupo de soldados confederados de aspecto quebradizo ocupan la primera línea, portando instrumentos musicales. Julián describe a sus compañeros la escena que van a grabar.

-Sentencia, el Malo está a punto de torturar a Tuco, el Feo, para conseguir información sobre la localización de un botín de cientos de miles de dolares- narra-. Manda tocar a estos soldados para que el honesto comandante de la prisión no oiga los gritos de la agonía.

Alonso se santigua.

-Valiente barbarie.

-¡Qué película!- se maravilla Julián-. ¡Qué diálogos!¡Y qué silencios!

Cada uno de los extras parece mostrar en sus escasas carnes los rigores de la guerra. Ciertamente, lo crudo de la posguerra juega a favor de la producción y la nutre de famélicos figurantes.

Leone repara en Alonso y le grita algo. Amelia traduce al director italiano.

-Alonso, dice que te pongas ese uniforme.

El soldado toma un gastado uniforme gris.

-¿Voy a salir en la película?

Julián, soldado unionista y guardia en la escena, levanta su rifle de atrezzo.

-Y deprisita- interpreta-. Que no te lo tenga que decir dos veces.

Tras soltar una maldición impropia de un caballero, y empujado diligentemente por la boca del arma de Julián, los dos ocupan su lugar en la escena. Se dan las últimas instrucciones, suena la claqueta y se rueda. En pantalla, unos tristes músicos tocan una melodía a punta de pistola.