Pillando por sorpresa tanto a los marines como a sus propios compañeros, Alonso se adelanta y detiene al primer soldado con un puñetazo en la cara que le rompe la nariz con un desagradable crujido. El segundo levanta su arma, pero el español le aferra la muñeca y, con el mismo movimiento, le hunde la rodilla en su entrepierna, levantándolo unos centímetros del suelo antes de hacerle caer, retorciéndose del dolor.
-Caray- se admira Julián-, va a ser verdad que un tercio puede dar buena cuenta de un marine.
Con los dos asaltantes neutralizados, debéis plantearos vuestro siguiente paso.
Contactáis con el Ministerio para dar un informe de lo ocurrido y solicitar consejo
Habláis con el director de la base y le ponéis al corriente del peligro