Tras seguir las instrucciones que recibís del Ministerio, Amelia hace la llamada más extraña de su vida.
-(Apolo 11, ¿me están recibiendo)
Un silencio que se os hace eterno se rompe con una voz distante y metálica.
-(¿Quién está usando esta frecuencia?)
-(Pasen a frecuencia médica)- les pide Amelia. Mientras los astronautas discuten entre ellos, la joven explica a sus amigos su petición-. Les he pedido que pasen a línea médica. En la misión Apolo 11 significaba una comunicación segura que los medios de comunicación no oirían; si nos hacen caso, tendremos discreción para hablar.
-(Pasamos a línea médica, aquí el comandante Armstrong, ¿quién está teniendo acceso a nuestras frecuencias y con qué motivo?)
-(Somos funcionarios españoles desde la base de seguimiento de Fresnedillas. Tenemos información privilegiada que nos permite suponer que agentes subversivos intentas afectar sus comunicaciones. Comuníquense con Houston para cambiar la frecuencia de transmisión y asegurar el enlace con la Tierra.)
Armstrong suelta una imprecación de disgusto.
-(Ustedes no tienen autorización para pedir tal cosa. Abandonen esta línea o asuman las consecuencias)
Os miráis comprendiendo que es difícil convencerles de que hagan algo así sin ofrecerles un argumento o una prueba. Por fortuna, el grupo cuenta con Amelia.
-(Comandante Armstrong, sé que es difícil de creer pero ha de escucharnos o la misión podría fracasar)- ruega la universitaria. Tras una pausa continua con cierta vergüenza-. (Hágalo por el señor Gorsky. Él es quién más interés tiene en que el alunizaje se complete con éxito.)
Silencio. Armstrong no responde y Amelia se ruboriza a ojos vista. Julián mira con desconcierto a Alonso, que directamente no entiende una palabra.
-¿”Hágalo por el señor Gorsky”?- traduce, encogiéndose de hombros-. ¿Quién demonios es el señor Gorsky?
Armstrong responde.
-(Diablos, no sé quienes son, pero ciertamente disponen de información privilegiada. Hablaremos con Houston. Armstrong fuera.)
-(Muchas gracias, comandante)- se despide una visiblemente incómoda Amelia- (. Nos aseguraremos de que lleguen a su objetivo sanos y salvos. Fresnedillas fuera.)
-¿Gorsky?- insiste Julián. Amelia carraspea antes de responder.
-Todo el mundo sabe cuales fueron las primeras palabras de Neil Armstrong cuando llegó a la Luna, pero no todos saben cuáles fueron las últimas que dijo antes de volver. Dijo “buena suerte, señor Gorsky”.
-¿Y quién era Gorsky?- no se rinde Julián.
-¿Un ruso?- tantea Alonso. Amelia baja la cabeza.
-Era el vecino del comandante Armstrong cuando era niño.- responde la joven, incómoda con cada palabra-. Tras varias décadas desconcertando a todo el mundo, lo confesó en 1995, cuando el señor Gorsky ya había muerto.
-¿Y qué hizo que ese héroe se acordase de un vecino de la infancia en el momento más glorioso de su vida, de la de su patria, y quizá de la Historia de la Humanidad?- pregunta Alonso, con inocencia. Amelia se gira hacia sus compañeros, con determinación en su voz pero evitando sus miradas.
-A pesar de lo que hemos vivido y de trabajar en 2015 no dejo de ser una señorita del siglo XIX… y hay cosas de las que no hablo- Alonso y Julián se miran y se encogen de hombros. Amelia les reprende-. ¡Buscadlo vosotros mismos cuando volvamos a casa!
Los chicos de la patrulla le conceden una tregua. Veis como, por algún motivo, todos los periodistas que deberían estar en la sala de control están en el exterior del edificio, hablando entre ellos con evidente desconcierto.
-Parece que les han hecho salir a todos.- observa Amelia. Julián chasquea los dedos.
-A mi madre le gustan mucho los programas de misterio y conspiraciones- explica-. Recuerdo que en uno de ellos oí como a los periodistas que seguían la misión lunar fueron invitados a abandonar las salas de seguimiento durante unos minutos, sin más explicaciones. Era como si la NASA no quisiera que nadie oyese las comunicaciones con el Apolo en esos momentos… es posible que nosotros seamos el motivo por el que se desalojó a los periodistas de Fresnedillas y de las otras estaciones- Julián ríe-. Muchos decían que se debía a que los astronautas habían contactado con extraterrestres.
-La gente siempre busca las explicaciones más rocambolescas a cualquier hecho.- observa Amelia. Julián le regala una sonrisa.
-Claro, la explicación más sencilla no son los extraterrestres, sino los viajeros en el tiempo.
Alonso, lívido, les pide que se detengan.
-Ah, pero, ¿también hay extraterrestres?
Anota APOLO 11