Ya son más de las nueve. El Águila está descendiendo. Aldrin y Armstrong se acercan a la superficie lunar mientras seiscientos millones de personas observan con el corazón en un puño el momento que no olvidarán en sus vidas. La señal del Apolo llega a este pequeño pueblo de la sierra madrileña y se distribuye por los cinco continentes. Un hombre desesperado se encuentra al pie de una gran antena dispuesto a cambiar la Historia por una buena causa. Gregorio está de pie, con el móvil en la mano. En unos minutos intervendrá la señal y denunciará ante el mundo a una dictadura criminal. Y no parece que tenga intención de huir.