Acompañáis a Ariadna, y Amelia le ofrece su hombro para caminar. La chica no ha sido desleal, y quizá sea la mejor opción para hallar la forma de escapar. Al entrar en la sala de estudio, os encontráis con un grupo de jóvenes que se giran asustados hacia vosotros, hasta que alguien reconoce a vuestra acompañante.
-¡Ariadna!- la señala un chico de pelo largo.
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Temíamos que te hubiesen detenido.-corre a abrazarla una compañera. Ariadna se une a ellos, y os alegra ver que recupera la sonrisa. Os enternece comprobar como en esa sala hay más de quince jóvenes, todos asustados, pero que han preferido ir al punto de encuentro que dejar solos a sus amigos. Una decisión valiente y arriesgada, como tantas decisiones de la juventud.
-No sabemos qué ha pasado, Ariadna- llora una correligionaria-. La gente sólo estaba pensando en el Apolo 11, no había nada organizado. Nos atacaron sin mediar protesta o provocación.
-Algún maldito falangista de camisa azul nos ha denunciado- apuesta otro-. Un puto facha que no entiende que su régimen agoniza.
-Chicos, chicos- intenta dirigir la conversación Julián-. Pensemos más tarde porqué estamos aquí y descubramos cómo salir.
-Los policías no tardarán en localizar este sitio y estaremos en un grave apuro- les mete prisa Amelia-. ¿Se os ocurre alguna forma de escapar?
Ariadna se limpia las lágrimas e intenta mantener la compostura en la situación.
-¿Todos juntos? Bastante difícil. Los grises se nos echarían encima.
-Hay algunas vías de escape- analiza otra de las chicas-. La cafetería, la biblioteca,…, pero somos un grupo muy numeroso. Quizá deberíamos plantearnos separarnos y salir en pequeños grupos.