Caminas hacia el puesto de control de seguridad de la entrada. Te cruzas con algunos trabajadores que te saludan, no reparan en ti o simplemente te ignoran: la confianza con la que se recibe en la base a los visitantes te permite moverte con facilidad, pero te asusta saber la tranquilidad con la que el viajero en el tiempo al que perseguís haya podido actuar a su voluntad por aquí.
El control de acceso es simplemente una garita desde la que se controla la subida y bajada de una barrera. Dentro hallas a un marine joven de claro aspecto anglosajón rendido a la desidia de su trabajo. Parece que ya no se esperan visitas y su labor ahora se limita a esperar nuevas ordenes o ser relevado… la vida del soldado.
Observas que el guardia dispone de un buen manojo de llaves, quizá te resulten de utilidad mas adelante. Parece que el guardia no se ha dado cuenta de tu presencia, ¿que quieres hacer?
Vas a investigar a otro lugar

Te acercas a hablar con el guardia

Intentas acceder a su garita por medio del sigilo y hacerte con las llaves