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En Garde, de Homo Ludicus

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En garde! es uno de esos juegos que pensamos ingenioso y adictivo por su presentación y temática, pero que resulta ser decepcionante. Os pongo en situación. En garde! es un juego en el que dos jugadores representan un duelo entre dos espadachines y promete ser dinámico y compensado. En realidad, la mecánica del juego es muy sencilla, casi elemental, lo que en este caso no equivale a ser interesante. En un tablero con 23 casillas en línea recta, cada duelista parte de uno de los extremos numerados. Se reparten cartas, cada una con un número de 1 a 5, que sirven para movernos, desplazándonos esa cantidad de casillas, o como ataque, pudiéndose utilizar cuando el contrincante se encuentre a ese número de casillas. Nos podemos defender contrarrestando el ataque entregando el mismo número de cartas con el que nos han atacado (si nos atacan con dos cartas de “4”, responderemos con dos de “4”), y entonces tendremos nuestro turno. Y ya está. Añade un par de matices más, y esas son las reglas. ¿Funcionan? No. Los combates se resumen a acercarnos durante un par de turnos, ponernos a tiro, atacar y, si de milagro se responde a ese ataque, se recibe un ataque y te mueres. Quizá enlaces un par de encuentros más o menos emocionantes, pero se tratará de un espejismo. Eso es lo que ofrece En garde! Estrategia igual a cero, dinamismo igual a cero. Treinta euros tirados a la basura.
Cuando vi que existía un juego de duelos de espadachines, pensé (no sé porque a veces pienso; no lo hago bien y es una pésima costumbre) en un sistema ágil como el combate en el juego de rol de El capitán Alatriste, pero simplificado. Lo que encontré no tenía ni ataques especiales, ni apuestas por movimientos defensivos u ofensivos ni la más mínima argucia que se pudiese arañar. El juego además es caro. Treinta euros, como os he llorado antes. Os explicaré lo que contiene el juego.
En primer lugar, dos figuras de duelistas. Sí, son bonitas, algo planas pero chulas. No sé de proporciones pero como un 50% más grande que una figura de Warhammer. Las espadas se me antojan frágiles, y con el uso excesivo podrían doblarse y romperse, pero tranquilos, no les daré uso excesivo.
Dos tableros, uno sencillo, con las 23 baldosas bien dibujadas en cartón duro. Es con este con el que os recomiendo que juguéis, pues el complejo es una pesadilla. A efectos prácticos, el tablero “Delouxe” es igual, 23 casillas y a pegarnos. En realidad, ofrece que tiene escalones y la parte media a un nivel superior; ¿sirve de algo? No. Además es fastidioso de montar. Es como los juegos de CEFA de nuestra infancia, lo que pasa es que los juegos de CEFA se montaban bien. Aquí las escaleras se doblan, el cartón cruje dolorosamente por las zonas en las que hay que doblarlo y todo el complejo se comba cuando y donde no debería. Además tiene un fondo con simple función decorativa que impide que los jugadores se sienten uno en frente del otro y que no se sostiene como debería. Os lo prometo, lo que me salió a mí al montarlo no se parece en nada a lo que muestran las imágenes publicitarias que incluyo en el post.
La parte gráfica es como el tema de las miniaturas: no es ninguna maravilla pero que no sea lo que os eche para atrás. Una baraja de cartas numeradas, indicando el ataque. Cada ataque está ilustrado con un dibujo diferente, que viene a ser el mismo ataque con más o menos profundidad. Imágenes de los protagonistas y el escenario. Para que os hagáis una idea, el entorno y los personajes homenajean al duelo de “La princesa prometida” entre Iñigo Montoya y Wesley, ambos casi retratados, pero con menos encanto y carisma. El propio fondo imita el escenario del duelo con cierta efectividad. Se incluye un librito con las imágenes del diseño, ya ves tú lo que me aporta eso, y se publicita que está ilustrado por un tal Piero, al que quizá conozcáis pero que yo no, y que tiene un arte justito, sin despuntar ni merecer que su nombre aparezca en la portada.
También tenemos unos cartoncitos de utilidad nula y unas instrucciones, unas cuartillas con lo poco que os he contado yo, pero con más optimismo. La edición española, de la mano de Homo Ludicus, incluye una imagen de la “contraportada” superpuesta a la original y las reglas en lengua de Cervantes. Poco más se necesitaría si el juego fuese bueno, pues no depende en nada del idioma. Pero claro, En Garde es de todo menos bueno.

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