Para no comprometer al joven soldado, decidís no hablar con él hasta que el capitán Camorlinga se aleja en el todoterreno del ejército.

-He servido en el ejército durante dos décadas y a pocos superiores tan miserables he tenido que servir- le confía Alonso, ahora que el recluta abandona su posición de firmes. El chico, imberbe pero de expresión adulta y madura, no dice nada, receloso. Julián le extiende una cantimplora.

-No hemos podido evitar como, en un par de ocasiones, se ha cebado especialmente contigo- el soldado bebe con ansia. No ha sido menos de quince minutos cara al sol -no podía ser de otra manera- como se ha visto obligado a estar-. ¿Qué tripa se le ha roto para tratarse así?

-Soy Amelia, y ellos son Julián y Alonso. Tememos que el capitán Camorlinga se traiga algo entre manos que pueda poner en peligro el rodaje. Si tú subieras algo….

Tras recapacitar un instante, el chaval parece decidir que puede confiar en vosotros. O al menos, que la situación no puede ser peor.

-Me llamo Ignacio Vergara- se presenta-. Tenéis motivos para estar preocupados. El capitán es el oficial al mando de la construcción del puente que se va a volar esta tarde- asientes-. Y no sólo eso. También se ha encargado al ejército español que sea el responsable de la detonación. Seguramente ya sepáis que las dos primeras veces que se rodó esa escena fueron un fracaso absoluto, una vez por poner una carga muy pequeña y en la segunda, por la precipitación del propio capitán a la hora de activar el explosivo. Camorlinga no quiere volver a fracasar, pero ha cometido un gran error.

-¿Un error?- preguntas.

-La carga explosiva que ha puesto es excesiva. El equipo de grabación y los actores estarán prudencialmente alejados del punto de la explosión, pero incluso a esa distancia puede haber heridos… o algo más. Advertí al capitán, pero me llamó ignorante, cobarde y traidor.

-Detesto defender a ese bellaco- admite Alonso-, pero es posible que tenga razón. Él es un militar de carrera y vos sois un miliciano.

Ignacio no se ofende por la apreciación.

-Sé bastante de explosivos. Mi padre es dinamitero en una mina de Asturias, y he crecido entre barrenos. Sé bien calcular cargas y ondas expansivas. El capitán ha puesto cinco cartuchos de dinamita por pilar, cuando tres garantizarían una detonación espectacular. Intenté avisar a los miembros de la producción, pero me envió al calabozo para evitarlo. Espero haberme equivocado pero temo que ocurra una catástrofe.

-¿Dais credibilidad al soldado?

-¿No?